
La minería de criptomonedas es el proceso esencial que asegura y valida las transacciones en las blockchains de tipo Proof-of-Work, utilizando potencia computacional. En un sistema Proof-of-Work (PoW), los mineros emplean ordenadores potentes para resolver complejos acertijos matemáticos en un entorno competitivo. Este proceso funciona como una carrera computacional: varios equipos intentan simultáneamente encontrar la solución correcta, y el primero en lograrlo adquiere el derecho de añadir el siguiente bloque de transacciones al registro de la blockchain. Al completarlo con éxito, el minero recibe como recompensa monedas nuevas y las comisiones de transacción.
La minería cumple dos funciones fundamentales en las redes blockchain. Por un lado, confirma y valida las transacciones, garantizando el funcionamiento seguro y fluido de la red. Por otro, crea y pone en circulación nuevas monedas, sentando la base de la economía de las criptomonedas. La minería constituye la infraestructura central de las criptomonedas basadas en Proof-of-Work. Sin embargo, este proceso exige un consumo elevado de electricidad y hardware avanzado. La minería de Bitcoin es un ejemplo claro, pues requiere máquinas ASIC especializadas y consume grandes cantidades de energía a nivel mundial.
La minería de Ethereum era el proceso mediante el cual se verificaban y añadían bloques a la blockchain de Ethereum antes de 2022. Al igual que Bitcoin, Ethereum funcionaba inicialmente con un mecanismo de consenso Proof-of-Work. Los mineros utilizaban hardware informático—principalmente GPUs (tarjetas gráficas)—para competir resolviendo acertijos criptográficos complejos. Cuando un minero lograba resolver el acertijo, creaba un nuevo bloque de transacciones de Ethereum y recibía recompensas en Ether (ETH). El algoritmo de minería de Ethereum se diseñó para ser compatible con GPU, evitando la necesidad de equipos ASIC especializados como los de Bitcoin. Esta accesibilidad hizo que la minería de Ethereum fuera especialmente popular entre aficionados y mineros de pequeña escala que empleaban ordenadores de juegos o equipos personalizados.
Hasta 2021, quienes minaban un bloque de Ethereum recibían recompensas significativas: normalmente 2 ETH por bloque, además de las comisiones de transacción de los usuarios. Tras una actualización en 2021, parte de estas comisiones se quemaban en vez de otorgarse. Los bloques de Ethereum se generaban cada 15 segundos aproximadamente, manteniendo una competencia global constante entre mineros por descubrir el siguiente bloque. Esta actividad protegía la red de Ethereum y procesaba miles de transacciones de contratos inteligentes a diario, desde transferencias de tokens, operaciones de NFT y funciones complejas de DeFi.
Sin embargo, la minería de Ethereum ha desaparecido de la red principal. En septiembre de 2022, Ethereum experimentó una actualización fundamental llamada The Merge, parte de la hoja de ruta de Ethereum 2.0. Esta actualización transformó Ethereum de Proof-of-Work a Proof-of-Stake (PoS). En un sistema Proof-of-Stake, los bloques no los crean mineros con hardware, sino validadores que bloquean su ETH como garantía para proteger la red. El cambio fue tan radical como sustituir el motor de un coche en marcha, y se realizó sin problemas. El resultado: Ethereum eliminó por completo la necesidad de mineros. Así, en 2025, cualquier referencia a la minería de Ethereum es histórica o se refiere a redes alternativas, pero no a una actividad posible en la red de Ethereum actual.
Antes de que Ethereum adoptara Proof-of-Stake, la minería era un método principal para ganar ETH. Los participantes minaban Ethereum por tres razones principales:
La primera era el potencial de beneficio. La minería podía generar ingresos elevados, especialmente durante épocas de precios altos de ETH. Muchos la veían como una forma atractiva de acumular criptomonedas sin comprar directamente en plataformas, aunque era imprescindible analizar el coste del equipo para calcular la rentabilidad.
La segunda razón era el apoyo a la red. Al validar transacciones y proteger la red de Ethereum, los mineros contribuían a su descentralización y estabilidad, desempeñando un papel clave en su resiliencia.
La tercera era la accesibilidad y el valor educativo de la minería con GPU, que distinguía a Ethereum de otras criptomonedas. A diferencia de Bitcoin, que exige ASICs, Ethereum permitía que individuos participaran con GPUs. Muchos entusiastas aprendieron sobre la tecnología blockchain y se integraron en el ecosistema minando, con costes de entrada más bajos frente al hardware especializado.
Estas razones ya no son válidas en 2025 por la eliminación de la minería, pero ayudan a entender la importancia histórica y la popularidad que tuvo la minería de Ethereum.
La minería de Ethereum ya no es posible en 2025, pero los métodos históricos empleados por los mineros ofrecen valor educativo. Tradicionalmente, el proceso seguía estos pasos:
Primero, montar el hardware era esencial. Los mineros compraban y configuraban GPUs de alto rendimiento o equipos con varias tarjetas gráficas para maximizar potencia y eficiencia. La inversión inicial en equipos iba desde cientos hasta decenas de miles de dólares, según el tamaño y las especificaciones.
En segundo lugar, instalaban software especializado. Programas como Ethminer y PhoenixMiner permitían conectar el hardware a la red de Ethereum y gestionar el proceso técnico de minería.
Tercero, la mayoría de mineros se unían a pools para obtener recompensas constantes y fiables. Estos grupos compartían potencia de cómputo y distribuían las ganancias proporcionalmente según la contribución de cada uno.
Cuarto, se creaba una wallet dedicada de Ethereum. Esta wallet digital servía de depósito para recibir los ETH obtenidos por los pools tras validar bloques con éxito.
Finalmente, se operaban los equipos de forma continua tras la configuración inicial, monitorizando temperaturas, rendimiento y gastos eléctricos para optimizar la rentabilidad. Era imprescindible calcular el coste total frente a las ganancias esperadas para asegurar la viabilidad.
Estos pasos eran fundamentales con el modelo Proof-of-Work de Ethereum. Hoy en día, solo son relevantes para minar otras criptomonedas Proof-of-Work, ya que ETH utiliza Proof-of-Stake.
En 2025, minar Ethereum no es rentable porque, sencillamente, ya no existe la minería. Tras la transición de Ethereum a Proof-of-Stake en 2022—evento conocido como The Merge—la red dejó de depender de los mineros. Las recompensas por bloque, antes otorgadas a quienes resolvían acertijos computacionales, se han eliminado para siempre, haciendo que la minería tradicional en Ethereum sea económicamente inviable.
Después de esa transición histórica, muchos ex mineros de ETH redirigieron sus equipos a otras criptomonedas Proof-of-Work, como Ethereum Classic, Ravencoin o Ergo. Sin embargo, estas redes ofrecen recompensas mucho menores y están saturadas por el exceso de capacidad minera que antes operaba en Ethereum. Por ello, la rentabilidad general de la minería de criptomonedas ha caído, sobre todo para quienes tienen altos costes eléctricos o hardware anticuado. La inversión realizada en equipos de minería difícilmente puede recuperarse minando en otras redes.
En 2025, quienes quieren ganar ETH recurren al staking. En vez de operar hardware intensivo en energía y realizar grandes inversiones iniciales, los participantes obtienen recompensas bloqueando ETH y colaborando con la seguridad de la red. Aunque los porcentajes de retorno no son espectaculares, el staking es más sostenible, accesible y está alineado con la evolución y el futuro tecnológico de Ethereum.
En la mayoría de países, la minería de criptomonedas sigue siendo legal desde el punto de vista regulatorio. Sin embargo, la minería de Ethereum ya no tiene relevancia en este marco legal, ya que la red no utiliza Proof-of-Work. No existe ninguna actividad minera, legítima o ilícita, en Ethereum.
La minería de otras criptomonedas Proof-of-Work sigue permitida en muchas jurisdicciones, como Estados Unidos y gran parte de Europa. Sin embargo, algunos países—como China y ciertas naciones de Europa del Este—han impuesto prohibiciones o restricciones estrictas, principalmente por motivos medioambientales y de consumo energético. Quien quiera minar cualquier criptomoneda debe informarse y cumplir la legislación local.
En cuanto a Ethereum, el staking ha sustituido a la minería como principal método de participación y generación de ingresos. El staking se considera legal en la mayoría de países como inversión pasiva. No obstante, los participantes deben cumplir con las obligaciones fiscales y de declaración exigidas por su país respecto a las recompensas obtenidas en criptomonedas.
La minería de Ethereum ha quedado definitivamente en el pasado. Tras la evolución de la red al consenso Proof-of-Stake en 2022, la minería tradicional ha sido eliminada y descontinuada. La oportunidad de ganar ETH mediante hardware o resolución de acertijos criptográficos ha desaparecido; esas recompensas son ahora historia, no una opción actual. Por tanto, a la pregunta "¿Se puede seguir minando Ethereum en 2025?", la respuesta es rotunda: no.
Sin embargo, Ethereum sigue siendo una red activa y en constante desarrollo. Ha cambiado, pero no ha disminuido. Para quienes buscan ganar ETH y fortalecer la red en 2025, el staking es la alternativa de futuro. Aunque difiere completamente de la minería tradicional y de los costes de hardware, el staking ofrece ventajas sustanciales: más eficiencia energética, mejor escalabilidad y mayor accesibilidad para una participación sostenida. El futuro de Ethereum es extraordinario; simplemente se presenta de forma distinta al modelo minero que marcó su evolución inicial.
El precio de las máquinas de minería varía mucho. Los ASIC para Bitcoin oscilan entre 2 630 y 23 850 dólares para instalaciones completas. Los gastos mensuales de mantenimiento suelen estar entre 60 y 300 dólares, dependiendo de la calidad del equipo y el tamaño de la operación.











