¿ Cómo ver la tendencia del precio del oro en medio siglo?|Después de alcanzar nuevos máximos, ¿aún hay oportunidades para invertir en oro?

El oro ha sido desde la antigüedad un punto de referencia en los valores de la civilización humana. Su alta densidad, fuerte extensibilidad y excelentes propiedades de conservación hacen que pueda servir tanto como medio de moneda como para la fabricación de joyas y materias primas industriales. Al revisar la trayectoria del mercado en los últimos 50 años, aunque el oro ha experimentado múltiples volatilidades, en general ha mostrado una tendencia alcista fuerte, especialmente después de 2024, cuando ha ido alcanzando repetidamente nuevos máximos históricos. Entonces, ¿esta tendencia alcista que ha durado medio siglo continuará en los próximos 50 años? ¿Cómo deberían los inversores interpretar la actual tendencia del precio del oro?

De 35 dólares a 4,300 dólares: la lógica detrás de la apreciación del oro en 50 años

El 15 de agosto de 1971 fue un punto de inflexión importante en la historia financiera internacional. El presidente de EE. UU., Nixon, anunció la desvinculación del dólar del oro, poniendo fin al sistema de Bretton Woods. Antes de eso, la tasa de cambio entre el dólar y el oro estaba fija en 35 dólares por onza, siendo el dólar en realidad un certificado de circulación de oro.

Tras la desvinculación, el mercado internacional del oro entró en una era de flotación libre. Desde los 35 dólares por onza en 1971, hasta alcanzar en 2025 un máximo de 3,700 dólares por onza, y posteriormente en octubre superar los 4,300 dólares por onza, esto significa que en medio siglo el oro se ha apreciado más de 120 veces, constituyendo una acción alcista a largo plazo en la asignación de activos.

Es especialmente notable el rendimiento entre 2024 y principios de 2025, cuando el precio del oro subió más del 104% en poco más de un año, creando un récord histórico de incremento. El aumento fue impulsado por múltiples factores: incremento en las reservas de los bancos centrales, aumento de riesgos geopolíticos, debilitamiento relativo del dólar, entre otros.

Cuatro grandes ciclos de mercado: desde la crisis de desvinculación hasta conflictos geopolíticos

En más de 50 años, el mercado internacional del oro ha atravesado cuatro ciclos de subida claramente definidos, cada uno con sus propios impulsores.

Primero (1970-1975): crisis de confianza tras la desvinculación

Tras la desvinculación del dólar del oro, los inversores comenzaron a desconfiar del futuro del dólar y se volcaron hacia el oro como reserva de valor. El precio del oro subió de 35 a 183 dólares, un incremento superior al 400%. Además, en 1973, la crisis del petróleo y la política de expansión monetaria de EE. UU. impulsaron aún más el precio del oro. Sin embargo, a medida que la crisis petrolera se alivió y la confianza en el dólar se recuperó, el precio del oro retrocedió a cerca de 100 dólares.

Segundo (1976-1980): inestabilidad geopolítica y espiral inflacionaria

Eventos como la segunda crisis del petróleo en Oriente Medio, la crisis de los rehenes en Irán y la invasión soviética de Afganistán generaron una recesión global, con una inflación en niveles históricos. El oro se disparó de 104 a 850 dólares, un aumento superior al 700%. Pero esta subida fue demasiado extrema, y tras la crisis, el precio cayó rápidamente, permaneciendo en un rango de 200-300 dólares durante casi 20 años.

Tercero (2001-2011): terrorismo y crisis financiera

Tras el 11 de septiembre, EE. UU. inició una larga guerra contra el terrorismo, con gastos militares elevados que impulsaron la política de tasas bajas de la Reserva Federal, generando abundancia de liquidez global y una burbuja inmobiliaria. Luego, en 2008, la crisis financiera llevó a la Fed a implementar nuevamente políticas de expansión cuantitativa, elevando el precio del oro de 260 a 1,921 dólares en diez años, un incremento superior al 700%. Tras la crisis de la deuda europea, el precio del oro se corrigió ligeramente, pero se mantuvo en niveles de mil dólares.

Cuarto (2015-presente): tasas negativas, desdolarización y nueva guerra fría

Los bancos centrales de Japón y Europa implementaron tasas negativas, ampliando nuevamente la liquidez global. Además, conflictos como la guerra entre Rusia y Ucrania, crisis en Oriente Medio y el aumento de riesgos geopolíticos llevaron a los bancos centrales a incrementar sus reservas de oro para mitigar riesgos asociados al dólar, impulsando el precio desde 1,060 dólares por onza por encima de los 2,000 dólares. Tras 2024, el precio del oro ha alcanzado niveles sin precedentes.

La realidad del rendimiento de la inversión en oro: 50 años ganando a la bolsa, pero con altibajos

Al analizar en un período prolongado, el rendimiento del oro ha sido notable. Desde 1971, el oro ha aumentado 120 veces, mientras que el índice Dow Jones ha subido de aproximadamente 900 a 46,000 puntos, un incremento de unas 51 veces. En números absolutos, el oro ha superado ligeramente a las acciones.

Pero esta comparación oculta una realidad incómoda: las ganancias del oro no son lineales. Entre 1980 y 2000, el precio del oro permaneció en un rango de 200-300 dólares, y quienes compraron en ese período casi no obtuvieron beneficios. ¿Cuántos de nosotros podemos esperar 50 años para ver una recuperación?

Por ello, el oro no es un activo adecuado para una inversión puramente a largo plazo. Su lógica de inversión debería ser: identificar los puntos de inflexión de tendencia, comprar en mercados alcistas y evitar en mercados bajistas o de consolidación.

Es importante notar que, debido a que los costos de extracción del oro aumentan con el tiempo, los límites inferiores de retroceso en los ciclos bajistas se van elevando. Incluso si termina un ciclo alcista, el precio del oro no caerá a cero, lo que proporciona un margen de seguridad para los inversores a largo plazo.

Lecciones de inversión en oro en el gráfico de 10 años en Hong Kong

Al observar el gráfico de los últimos 10 años del oro en Hong Kong, se pueden identificar varias características clave:

El precio del oro partió en 2015 en 1,060 dólares, y tras una breve corrección en 2015-2016, inició una tendencia estructural alcista que duró casi 10 años. La velocidad de subida en 2020, durante la COVID-19, y en 2024-2025, ha sido especialmente sorprendente. En el gráfico, incluso en las fases de corrección, cada mínimo ha ido elevándose, formando un canal alcista típico. Esto implica que:

  • Inversores a medio plazo: si pueden acumular en cada corrección significativa, las probabilidades de obtener beneficios a largo plazo son altas.
  • Operadores de swing: pueden aprovechar los puntos de inflexión para hacer trading a corto plazo, con rendimientos generalmente superiores a acciones y bonos.
  • Inversores conservadores: pueden usar el oro como un activo de cobertura, destinando un 5-10% de su portafolio.

Cinco formas de invertir en oro, en detalle

Invertir en oro no se limita a una sola vía; según el perfil de riesgo y el ciclo de inversión, se pueden elegir diferentes instrumentos.

Oro físico: compra directa de lingotes o joyas. Ventajas: discreción y propiedad tangible. Desventajas: dificultad en la compra-venta, costos de almacenamiento.

Certificados de oro: depósitos en bancos que certifican la propiedad del oro, fáciles de transportar, pero con menor liquidez y mayores diferenciales de compra-venta, adecuados solo para inversiones a muy largo plazo.

ETF de oro: mayor liquidez y facilidad de negociación, similares a acciones, pero con costos de gestión que pueden erosionar beneficios en el largo plazo, especialmente en mercados laterales.

Futuros de oro: permiten apalancamiento y operaciones en ambas direcciones, con costos bajos, ideales para traders experimentados.

Contratos por diferencia (CFD) de oro: combinan ventajas de futuros y spot, con mínimos de entrada desde 50 dólares, apalancamiento flexible y operaciones T+0, permitiendo entrar y salir en cualquier momento. Son especialmente adecuados para pequeños inversores, por su alta eficiencia en uso de capital, bajos costos y rapidez en ejecución.

Diferencias en la lógica de inversión entre oro, acciones y bonos

Las tres clases de activos generan rentas de manera diferente, lo que determina sus estrategias de operación.

Oro: ganancias puramente por diferencia de precio, sin generación de intereses o dividendos. La dificultad radica en el momento de compra y venta: hay que comprar en el inicio de una tendencia y vender en su pico, de lo contrario, no hay beneficios.

Bonos: rentabilidad por intereses y diferencia de precio. Operar es más sencillo, solo hay que seguir las tasas de interés de la Fed para decidir cuándo entrar o salir. Es la opción de menor dificultad entre las tres.

Acciones: ganancias por crecimiento empresarial y dividendos, requiriendo análisis de empresas, siendo la más compleja.

El ranking de rentabilidad en el pasado 50 años muestra que el oro fue el mejor, pero en los últimos 30 años, las acciones han superado a los bonos, que han sido los de menor rendimiento. Esto indica que la asignación de activos debe ser flexible según el ciclo económico.

La economía y los ciclos determinan la prioridad en la asignación de activos

El mercado no funciona de manera eterna e inmutable, sino que cambia con los ciclos económicos.

En expansión económica, las expectativas de beneficios empresariales aumentan, y las acciones atraen capital. En ese momento, los bonos, como activos de renta fija, se vuelven menos atractivos, y el oro, sin intereses, puede quedar en segundo plano.

En recesión, los beneficios empresariales caen, y las acciones sufren ventas masivas. Aquí, la protección del valor del oro y los bonos, con sus rentas fijas, se vuelve crucial, y los fondos fluyen hacia estos activos.

Un inversor inteligente debe seguir esta regla de oro: en fases de crecimiento económico, invertir en acciones; en recesión, en oro y bonos. La mejor estrategia es ajustar la proporción de acciones, bonos y oro según la tolerancia al riesgo, por ejemplo, 70:20:10 para perfiles agresivos, o 30:50:20 para perfiles conservadores, para mitigar riesgos en mercados volátiles.

En los últimos años, eventos como el conflicto Rusia-Ucrania, la alta inflación y las tensiones geopolíticas han confirmado la importancia de diversificar en diferentes activos. Los inversores con una cartera que incluya acciones, bonos y oro suelen mantenerse más estables en tiempos turbulentos.


En resumen, el oro no es simplemente un activo para comprar y mantener a largo plazo, sino una herramienta táctica que requiere análisis de tendencias y momentos de mercado. Aunque actualmente el precio del oro está en niveles históricos altos, mientras las incertidumbres políticas y económicas persistan, su carácter de refugio seguirá siendo atractivo a largo plazo. Para los inversores minoristas, incluir oro en su portafolio y aprovechar las fases de tendencia para hacer operaciones de swing puede ofrecer rendimientos más equilibrados que solo mantener acciones o bonos.

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