En el mercado de criptomonedas, un escenario lleno de competencia, hay un viejo dicho que dice: "Tres años sin abrir, abrir y comer durante tres años".
El problema es que la mayoría no puede hacerlo. Se ven obligados a participar todos los días, y como resultado, solo disfrutan un día de la apertura, siempre agotando el futuro. ¿Por qué? Porque no pueden resistir la tentación y tienen que competir con otros ahora mismo hasta el extremo.
En realidad, una forma más inteligente de vivir es: en lugar de enfrentarse de frente a esos problemas difíciles, es mejor optar por la inacción, esperar a que surja una oportunidad súper sencilla que se destaque por sí sola.
Mira en los lugares con mucha gente, cuán loca es la competencia por homogeneidad. Aquellos jugadores con gran apetito por el riesgo y un límite inferior ridículamente bajo, siempre aparecen de manera constante. Son agresivos, locos y sin restricciones. ¿Y al final? Estas personas suelen arrastrar consigo a sus seguidores y a sí mismas.
Cuando estos jugadores agresivos van siendo eliminados uno tras otro, el mercado se vuelve más simple. Muchas oportunidades quedan al descubierto. En ese momento, quien aún tenga recursos abundantes, podrá ganar fácilmente.
Los inversores con suficiente experiencia deberían cultivar esta confianza de "inacción" — ser capaces de mantenerse tranquilos y en espera durante varios años, rechazar participar en operaciones de alto riesgo de forma impulsiva, y no prestar atención a las exhibiciones de aquellos que lideran temporalmente. Confían en que los riesgos que están dispuestos a asumir finalmente los devolverán a la realidad.
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En el mercado de criptomonedas, un escenario lleno de competencia, hay un viejo dicho que dice: "Tres años sin abrir, abrir y comer durante tres años".
El problema es que la mayoría no puede hacerlo. Se ven obligados a participar todos los días, y como resultado, solo disfrutan un día de la apertura, siempre agotando el futuro. ¿Por qué? Porque no pueden resistir la tentación y tienen que competir con otros ahora mismo hasta el extremo.
En realidad, una forma más inteligente de vivir es: en lugar de enfrentarse de frente a esos problemas difíciles, es mejor optar por la inacción, esperar a que surja una oportunidad súper sencilla que se destaque por sí sola.
Mira en los lugares con mucha gente, cuán loca es la competencia por homogeneidad. Aquellos jugadores con gran apetito por el riesgo y un límite inferior ridículamente bajo, siempre aparecen de manera constante. Son agresivos, locos y sin restricciones. ¿Y al final? Estas personas suelen arrastrar consigo a sus seguidores y a sí mismas.
Cuando estos jugadores agresivos van siendo eliminados uno tras otro, el mercado se vuelve más simple. Muchas oportunidades quedan al descubierto. En ese momento, quien aún tenga recursos abundantes, podrá ganar fácilmente.
Los inversores con suficiente experiencia deberían cultivar esta confianza de "inacción" — ser capaces de mantenerse tranquilos y en espera durante varios años, rechazar participar en operaciones de alto riesgo de forma impulsiva, y no prestar atención a las exhibiciones de aquellos que lideran temporalmente. Confían en que los riesgos que están dispuestos a asumir finalmente los devolverán a la realidad.