Las grandes petroleras estadounidenses se preparan para la recuperación del mercado venezolano ante los cambios geopolíticos bajo la administración de Trump

La Oportunidad: Una Reserva Enorme Sin Explorar que Espera Ser Desarrollada

Venezuela se encuentra sobre uno de los reservorios de petróleo crudo más sustanciales del mundo, con aproximadamente 300 mil millones de barriles en reservas probadas. Sin embargo, paradójicamente, la nación aporta apenas el 1% a la oferta mundial de petróleo—una disparidad marcada que resalta décadas de subinversión y mala gestión. La reciente transición política, con la participación militar de EE. UU. en el cambio de liderazgo en Venezuela y el compromiso declarado de la administración Trump de revitalizar la infraestructura petrolera del país, ha abierto de repente la puerta a las empresas energéticas estadounidenses para capitalizar esta base de recursos inactiva. Para las grandes petroleras de EE. UU., las implicaciones son significativas: un posible renacimiento en un hemisferio estratégicamente importante, junto con acceso a reservas que podrían redefinir la dinámica de la producción energética durante años.

Chevron: El Incumbente con Ventaja Incomparable en Terreno

Chevron destaca como el claro favorito entre los posibles beneficiarios. La gigante petrolera, con sede en Houston (donde muchas grandes firmas energéticas coordinan operaciones regionales), sigue siendo la única compañía petrolera estadounidense que mantiene operaciones activas en Venezuela. Esto no es casualidad—es el resultado de décadas de diplomacia hábil y navegación empresarial.

Cuando el expresidente Chávez forzó renegociaciones en la industria en 2007, la mayoría de los actores internacionales capitularon o se retiraron. Chevron, junto con firmas como Equinor y TotalEnergies, aceptaron condiciones contractuales desfavorables que otorgaron a la estatal venezolana una participación de hasta el 83% en proyectos valorados en $30 mil millones. Con el tiempo, los operadores europeos finalmente se retiraron, dejando a Chevron como el único sobreviviente estadounidense.

Hoy en día, Chevron representa aproximadamente el 20% de la producción petrolera actual de Venezuela—una posición dominante. La compañía mantiene cerca de 3,000 empleados en el terreno, posee infraestructura establecida y cuenta con licencias regulatorias de la Oficina de Control de Activos Extranjeros que permiten continuar con joint ventures con Petróleos de Venezuela. Bajo las restricciones actuales, Chevron no puede lanzar nuevos proyectos ni ampliar significativamente la producción, pero la intención señalada por la administración Trump de eliminar estas restricciones podría desbloquear un potencial sustancial. Para los inversores que apuestan a que el petróleo estadounidense ingrese en Venezuela, Chevron representa la opción de menor riesgo y mayor probabilidad, dada su huella operativa y conocimiento institucional.

ConocoPhillips: Recuperando Activos Perdidos y Reclamando Miles de Millones en Reclamaciones

ConocoPhillips, la productora de energía con sede en Houston, salió de Venezuela en 2007 tras no alcanzar términos aceptables con el régimen de Chávez. La retirada resultó costosa: la compañía registró una pérdida de 4.500 millones de dólares relacionados con activos perdidos en la cuenca del Orinoco y otros proyectos. Sin embargo, ConocoPhillips buscó recursos legales mediante arbitraje internacional, logrando fallos favorables que le otorgan derechos a aproximadamente $10 mil millones en reclamaciones de compensación—aunque Venezuela, cargada con $60 mil millones en incumplimientos de bonos, solo ha pagado una fracción de esta cantidad.

El apalancamiento de la compañía ha cambiado drásticamente. Con la transición política en marcha y la administración Trump discutiendo públicamente una mayor participación de las empresas petroleras estadounidenses en la recuperación de Venezuela, ConocoPhillips se encuentra en una posición novedosa. Aunque la reentrada aún no está asegurada, se ha informado que la compañía ha sido contactada por funcionarios de la administración que exploran posibilidades de asociación. Dada la experiencia operativa previa de ConocoPhillips y la escala de sus reclamaciones pendientes, la firma representa tanto un candidato natural para reingresar como un posible beneficiario de cualquier acuerdo de reestructuración de deuda que acompañe la reconstrucción económica de Venezuela.

ExxonMobil: Exposición Dual a través de Venezuela y Guyana Vecina

ExxonMobil salió de Venezuela en 2007 en circunstancias similares a las de ConocoPhillips, manteniendo una reclamación de $1 mil millones contra el gobierno venezolano por activos expropiados. La compañía también ha sido mencionada por medios como posible participante en las conversaciones de la administración Trump sobre la reactivación del sector energético venezolano.

El interés de ExxonMobil en Venezuela adquiere mayor relevancia por sus operaciones sustanciales en Guyana, que ha emergido como un importante centro energético internacional con reservas estimadas en 10 mil millones de barriles. La dimensión geopolítica aquí importa: Venezuela y Guyana han experimentado tensiones crecientes en los últimos años, con Venezuela violando acuerdos marítimos en marzo al invadir las aguas territoriales de Guyana. Con la salida de Maduro del poder, los riesgos de seguridad para las inversiones energéticas en Guyana deberían disminuir considerablemente, permitiendo a ExxonMobil explorar proyectos en Guyana con menor fricción política y menor riesgo operativo—un beneficio indirecto pero significativo para la estrategia hemisférica de la compañía.

El Cálculo Energético Global

La convergencia de tres factores—las colosales reservas de Venezuela combinadas con una capacidad de producción catastróficamente baja, el interés explícito de la administración Trump en la expansión del sector energético estadounidense, y el repentino alineamiento político en la región—crea una ventana de oportunidad rara. Los riesgos siguen siendo sustanciales: la inestabilidad política podría resurgir, los requerimientos de capital para modernizar la infraestructura son enormes, y el plazo para aumentos significativos en la producción sigue siendo incierto.

No obstante, para las empresas petroleras estadounidenses con activos existentes, reclamaciones pendientes o capacidad operativa demostrada en la región, la próxima fase del desarrollo energético venezolano podría representar una oportunidad transformadora. La posición de Chevron como incumbente, el potencial de recuperación de reclamaciones de ConocoPhillips y la influencia regional de ExxonMobil a través de Guyana colocan a estas firmas en una posición privilegiada para capturar un valor desproporcionado si la tan esperada renaissance del sector energético se materializa.

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