En el campo de batalla de los chips, China finalmente deja de ser pasivamente atacada

Se dice que la situación en la mesa de juego más desafiante es la que requiere mayor inteligencia, y esta vez, China ha cambiado radicalmente el guion pasivo en la cadena de la industria de chips con sus movimientos.

Muchos todavía están preocupados por cómo la prohibición de la venta de fotopolímeros en Japón afectará a los chips nacionales, pero la realidad es—simplemente no les hemos dado la oportunidad de jugar sus cartas. El Ministerio de Comercio anunció el 7 de enero una investigación antidumping sobre el diclorodihidrosilano (DCS) importado de Japón. Detrás de este anuncio aparentemente tranquilo, se esconden consideraciones estratégicas muy profundas.

¿Por qué Japón insiste en inundar China con este producto?

El diclorodihidrosilano puede sonar extraño, pero en realidad es la sangre vital en la fabricación de chips. Ya sea para chips lógicos o de almacenamiento, el proceso de deposición de películas delgadas no puede prescindir de él. ¿Por qué gigantes como Shin-Etsu Chemical y Mitsubishi Chemical quieren apoderarse desesperadamente del mercado chino? A simple vista, por ganancias, pero en el fondo, buscan usar el mercado para obtener tecnología y así eliminar la industria sustituta nacional.

Los datos de investigación de la solicitante, Sanfu Electronic Materials de Tangshan, lo explican todo: desde 2022 hasta 2024, las empresas japonesas aumentaron locamente sus exportaciones y continuaron bajando precios, con una caída acumulada del 31%. Esto no es competencia normal, sino dumping premeditado, cuyo objetivo es aplastar a las empresas chinas que apenas están emergiendo.

La cadena de suministro está vinculada bidireccionalmente, y su punto débil también está en nuestras manos

La clave está en que Japón piensa que con la carta de los fotopolímeros puede bloquear nuestro cuello, pero no se dan cuenta de que su economía también depende de nosotros. Según un informe del Nomura Research Institute, si China prohibiera la exportación de materias primas clave como las tierras raras, en solo tres meses la economía japonesa se evaporaría en 660 mil millones de yenes (aproximadamente 30 mil millones de RMB). Esto es solo un impacto a corto plazo; si se implementa a largo plazo, las pérdidas serán incalculables.

Por eso, la fuerza de la investigación antidumping es tan poderosa: nos permite responder con precisión dentro del marco de las reglas de la OMC y también tener en nuestras manos las fichas para hacer que su economía no pueda moverse.

Esto no es una tontería, sino una respuesta estratégica fundamentada

Muchos temen que esta acción no sea lo suficientemente racional, pero en realidad, es todo lo contrario. Todo el proceso de investigación antidumping sigue estrictamente las reglas de la Organización Mundial del Comercio, con solicitudes formales de las empresas nacionales, evidencia sólida y cada punto bien fundamentado. Lo que realmente no tiene sentido son esas empresas que intentan monopolizar mediante guerras de precios y bullying tecnológico.

En el pasado, preferíamos responder desde atrás y dejarles un rostro decente, pero ahora hemos visto claramente una realidad: hablar con la razón a ciertos oponentes no sirve de nada, hay que demostrar fuerza. En nuestro país, en realidad, tenemos capacidad de producción de diclorodihidrosilano, pero la estrategia de precios bajos de Japón nos ha apretado el cuello. Ahora, con la intervención del Estado, no solo protegemos la industria nacional, sino que también enviamos una señal clara a los adversarios.

Las nuevas reglas en la mesa de juego

La reacción de Japón ahora es interesante: las empresas claman que la cadena de suministro se va a romper, los políticos saltan y brincan. Pero olvidan un hecho fundamental: cualquier cadena de alta tecnología que dependa de materias primas y mercados en China, puede detenerse en minutos.

El mayor cambio en esta ronda es que China ya no es la víctima pasiva, sino que define activamente las nuevas reglas en la mesa de juego. Es probable que Japón realice pequeños movimientos o incluso una presión conjunta con otros países, pero ¿qué importa? Si hoy permiten que sigan dumping y bloqueando, mañana el costo para nosotros será mucho mayor que unos pocos miles de millones de RMB.

Ya que la partida está en marcha, hay que redefinir las reglas. Esta respuesta no solo busca proteger la industria de chips, sino que también quiere que todos entiendan: si quieren arrebatar comida en nuestro plato o sabotear nuestro esfuerzo, no tendrán ni una sola puerta abierta.

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