¿Por qué las bajadas de tipos no lograron salvar a Bitcoin? La respuesta está en la liquidez
A simple vista, la Reserva Federal inicia un nuevo ciclo de bajadas de tipos, pero el precio de Bitcoin se mantiene cerca de 80,000 dólares, mientras que el oro continúa subiendo. Esto es completamente opuesto a la teoría económica tradicional: las tasas bajas deberían beneficiar a los activos de alto riesgo, ¿por qué la realidad es diferente?
Para entender este enigma, hay que reconocer una dura realidad: existe un “bloqueo intermedio” entre la bajada de tipos políticos y la liberación real de liquidez.
El tipo nominal baja, pero la tasa real sigue siendo alta. La razón es sencilla: la inflación no muestra signos de aliviarse. Los bancos no relajan sustancialmente los estándares de préstamo, las empresas siguen siendo reacias a tomar crédito. Y para colmo, el Departamento del Tesoro de EE. UU. está emitiendo deuda a toda velocidad. En la segunda mitad de 2025, la emisión de nueva deuda para refinanciar la vieja supera con creces la liberación de liquidez política. El resultado es: la liquidez total no solo no se expande, sino que se contrae.
¿Por qué el oro sube en contra de la tendencia? Porque es un activo de referencia global, con la señal macroeconómica más potente. Los inversores comprenden la naturaleza del callejón sin salida de la deuda y se protegen anticipadamente contra el riesgo del dólar. Aunque Bitcoin también es un activo de referencia global, enfrenta una situación diferente: actualmente, en el mercado falta suficiente “dinero disponible” para impulsar su subida.
Esto no es un ciclo de crecimiento, sino una bajada defensiva de tipos
La naturaleza de esta bajada de tipos es muy diferente a la de ciclos alcistas anteriores. La Fed no está bajando tipos por una economía fuerte, sino que se ve obligada a hacerlo bajo la presión de un aumento en la tasa de desempleo, mayor riesgo de incumplimiento empresarial y un repentino aumento en los costos de la deuda gubernamental.
Se trata de una bajada de tipos defensiva, cuyo motor no es la expectativa de crecimiento, sino el temor a la recesión.
En esta mentalidad, el comportamiento de los inversores institucionales cambia radicalmente. Su prioridad pasa de buscar rentabilidad a evitar riesgos: reducen su exposición, construyen colchones de efectivo, priorizan la supervivencia sobre el retorno.
Bitcoin, precisamente, es uno de los activos de alto riesgo con mayor liquidez global. Cuando el mercado está bajo presión, se le ve como una “máquina de extracción de liquidez”: un objetivo para convertir en efectivo a toda costa. Este mecanismo funciona igual que en la lógica de los precios en alza: en las subidas, el dinero entra en las criptomonedas; en las caídas, se retira primero de ellas. La aversión al riesgo comienza en Bitcoin, y no termina allí.
En cambio, el oro cumple otro papel: es la herramienta definitiva para cubrirse contra la devaluación del dólar, mientras los inversores esperan una verdadera caída de los tipos reales.
EE. UU. atrapado en la “tríada de la deuda”
La raíz profunda del problema es que el gasto por intereses de EE. UU. ya supera el gasto en defensa, convirtiéndose en el tercer gasto federal tras la seguridad social y la atención médica.
Washington enfrenta un dilema sin solución: un “trilema” de tres opciones:
Primera opción: emitir continuamente nueva deuda para pagar la vieja, con refinanciamiento ilimitado. Pero la deuda federal ya supera los 38 billones de dólares, y esta estrategia solo acelerará la pérdida de control.
Segunda opción: recurrir a instrumentos a corto plazo para reducir los rendimientos a largo plazo y disminuir el coste medio de financiación. Pero esto solo trata los síntomas, no la causa, y el conflicto fundamental persiste.
Tercera opción: realizar un incumplimiento encubierto mediante la depreciación monetaria — pagar la deuda vencida con dólares que han perdido valor.
El aumento del oro hasta los 4500 dólares refleja la valoración colectiva de los inversores globales ante esta opción irreversible. Los bancos centrales y los inversores institucionales están cubriendo el riesgo de la crisis de credibilidad del dólar en su fase final.
Bajar tipos por sí solo no es suficiente. En Wall Street ya discuten públicamente: para evitar un colapso del sistema financiero, solo queda seguir expandiendo la masa monetaria y mantener una inflación moderada. Pero esto genera un ciclo vicioso: o se imprime dinero, provocando devaluación, o se detiene la emisión, causando incumplimientos. La historia nos enseña que esta elección es inevitable. La Fed probablemente no tolerará un colapso sistémico; el reinicio de la expansión cuantitativa y el control de la curva de rendimiento ya no son una cuestión de probabilidad, sino de momento.
2026: de la contracción de liquidez a la inundación
Entendiendo esta lógica, la actual “divergencia” entre oro y Bitcoin es comprensible. Ambos activos son herramientas de cobertura contra la inflación, pero el momento es clave para determinar quién gana.
El oro ya anticipó la llegada de la era de expansión monetaria, mientras que Bitcoin espera la confirmación oficial de esa señal.
La evolución del mercado se desarrollará en dos fases:
Primera fase: impacto de la recesión y el último auge del oro
Cuando los indicadores de recesión se confirmen (por ejemplo, la tasa de desempleo en EE. UU. supere el 5%), el oro será redefinido como “el activo más seguro”, y su precio podría subir aún más.
Pero ese será el momento más oscuro para Bitcoin. En las primeras fases de una recesión, todos los activos se venden indiscriminadamente para obtener efectivo. Las llamadas a margen, los liquidaciones forzadas dominarán el mercado. La historia lo demuestra: en la crisis financiera de 2008, el oro cayó un 30% antes de rebotar; en la pandemia de marzo de 2020, el oro bajó un 12% en dos semanas, mientras Bitcoin se desplomaba a la mitad.
La crisis de liquidez es global, y la diferencia está en quién puede recuperarse más rápido: el oro suele estabilizarse rápidamente, mientras que Bitcoin necesita más tiempo para reconstruir confianza.
Segunda fase: la rendición final de la Fed y la explosión de liquidez en Bitcoin
Las bajadas de tipos no serán suficientes para resolver la crisis económica. La presión económica finalmente obligará a la Fed a volver a expandir su balance.
Este será el momento en que la verdadera puerta a la liquidez se abra.
Entonces, el oro podría entrar en una fase de consolidación, mientras que la liquidez excesiva se dirigirá agresivamente hacia activos de alta beta. Bitcoin, como “el vehículo más puro de la liquidez sobrante”, será el principal receptor de estos flujos.
En estas circunstancias, los movimientos de precios no serán progresivos: una vez que el impulso se acumule, las subidas de Bitcoin podrían alcanzar niveles extremos en pocos meses.
Plata: el actor olvidado
La subida de la plata en 2025 será impulsada por dos fuerzas: su relación tradicional con el oro y la demanda industrial — infraestructura de inteligencia artificial, energía solar, vehículos eléctricos, todos hambrientos de plata.
Los inventarios en las principales bolsas (Bolsa de Futuros de Shanghái, London Silver Market, etc.) ya están en niveles críticos. En un mercado alcista, la plata suele comportarse con mayor ferocidad, pero en un mercado bajista también cae más fuerte.
La relación oro-plata sigue siendo un indicador clave. La plata por encima de 80 dólares, desde una perspectiva histórica, está relativamente barata; por debajo de 60 dólares, en comparación con el oro, es relativamente cara; por debajo de 50 dólares, suele estar llena de burbujas especulativas.
Actualmente, la plata ronda los 59 dólares, lo que indica que el mercado está “cambiando de caballo” — pasando de plata a oro, en lugar de acumular más plata activamente.
Perspectiva a largo plazo: la lógica definitiva de los cambios
Dejando de lado la cronología específica de 2026, la tendencia a largo plazo está clara: tanto el oro como Bitcoin tenderán a subir frente a las monedas fiduciarias.
El único factor variable es la rotación de liderazgo: este año será el de oro, y en la próxima fase, será Bitcoin.
Mientras la deuda global siga creciendo y las autoridades monetarias dependan de la depreciación del dólar para aliviar la presión sistémica, los activos escasos seguirán siendo preferidos sobre otros. Desde una perspectiva final, las monedas fiduciarias siempre serán los activos que más pierdan valor de forma continua.
Lo que ahora se necesita es paciencia, observación fría de datos y disciplina. La transición del liderazgo del oro a Bitcoin no será anunciada oficialmente: ocurrirá silenciosamente, a través de indicadores de liquidez, cambios en políticas y rotación de capital.
Estos signos deben seguirse de cerca.
Ver originales
Esta página puede contener contenido de terceros, que se proporciona únicamente con fines informativos (sin garantías ni declaraciones) y no debe considerarse como un respaldo por parte de Gate a las opiniones expresadas ni como asesoramiento financiero o profesional. Consulte el Descargo de responsabilidad para obtener más detalles.
Bitcoin espera que se abran las compuertas de liquidez, el oro ya ha tomado la delantera en la estrategia
¿Por qué las bajadas de tipos no lograron salvar a Bitcoin? La respuesta está en la liquidez
A simple vista, la Reserva Federal inicia un nuevo ciclo de bajadas de tipos, pero el precio de Bitcoin se mantiene cerca de 80,000 dólares, mientras que el oro continúa subiendo. Esto es completamente opuesto a la teoría económica tradicional: las tasas bajas deberían beneficiar a los activos de alto riesgo, ¿por qué la realidad es diferente?
Para entender este enigma, hay que reconocer una dura realidad: existe un “bloqueo intermedio” entre la bajada de tipos políticos y la liberación real de liquidez.
El tipo nominal baja, pero la tasa real sigue siendo alta. La razón es sencilla: la inflación no muestra signos de aliviarse. Los bancos no relajan sustancialmente los estándares de préstamo, las empresas siguen siendo reacias a tomar crédito. Y para colmo, el Departamento del Tesoro de EE. UU. está emitiendo deuda a toda velocidad. En la segunda mitad de 2025, la emisión de nueva deuda para refinanciar la vieja supera con creces la liberación de liquidez política. El resultado es: la liquidez total no solo no se expande, sino que se contrae.
¿Por qué el oro sube en contra de la tendencia? Porque es un activo de referencia global, con la señal macroeconómica más potente. Los inversores comprenden la naturaleza del callejón sin salida de la deuda y se protegen anticipadamente contra el riesgo del dólar. Aunque Bitcoin también es un activo de referencia global, enfrenta una situación diferente: actualmente, en el mercado falta suficiente “dinero disponible” para impulsar su subida.
Esto no es un ciclo de crecimiento, sino una bajada defensiva de tipos
La naturaleza de esta bajada de tipos es muy diferente a la de ciclos alcistas anteriores. La Fed no está bajando tipos por una economía fuerte, sino que se ve obligada a hacerlo bajo la presión de un aumento en la tasa de desempleo, mayor riesgo de incumplimiento empresarial y un repentino aumento en los costos de la deuda gubernamental.
Se trata de una bajada de tipos defensiva, cuyo motor no es la expectativa de crecimiento, sino el temor a la recesión.
En esta mentalidad, el comportamiento de los inversores institucionales cambia radicalmente. Su prioridad pasa de buscar rentabilidad a evitar riesgos: reducen su exposición, construyen colchones de efectivo, priorizan la supervivencia sobre el retorno.
Bitcoin, precisamente, es uno de los activos de alto riesgo con mayor liquidez global. Cuando el mercado está bajo presión, se le ve como una “máquina de extracción de liquidez”: un objetivo para convertir en efectivo a toda costa. Este mecanismo funciona igual que en la lógica de los precios en alza: en las subidas, el dinero entra en las criptomonedas; en las caídas, se retira primero de ellas. La aversión al riesgo comienza en Bitcoin, y no termina allí.
En cambio, el oro cumple otro papel: es la herramienta definitiva para cubrirse contra la devaluación del dólar, mientras los inversores esperan una verdadera caída de los tipos reales.
EE. UU. atrapado en la “tríada de la deuda”
La raíz profunda del problema es que el gasto por intereses de EE. UU. ya supera el gasto en defensa, convirtiéndose en el tercer gasto federal tras la seguridad social y la atención médica.
Washington enfrenta un dilema sin solución: un “trilema” de tres opciones:
Primera opción: emitir continuamente nueva deuda para pagar la vieja, con refinanciamiento ilimitado. Pero la deuda federal ya supera los 38 billones de dólares, y esta estrategia solo acelerará la pérdida de control.
Segunda opción: recurrir a instrumentos a corto plazo para reducir los rendimientos a largo plazo y disminuir el coste medio de financiación. Pero esto solo trata los síntomas, no la causa, y el conflicto fundamental persiste.
Tercera opción: realizar un incumplimiento encubierto mediante la depreciación monetaria — pagar la deuda vencida con dólares que han perdido valor.
El aumento del oro hasta los 4500 dólares refleja la valoración colectiva de los inversores globales ante esta opción irreversible. Los bancos centrales y los inversores institucionales están cubriendo el riesgo de la crisis de credibilidad del dólar en su fase final.
Bajar tipos por sí solo no es suficiente. En Wall Street ya discuten públicamente: para evitar un colapso del sistema financiero, solo queda seguir expandiendo la masa monetaria y mantener una inflación moderada. Pero esto genera un ciclo vicioso: o se imprime dinero, provocando devaluación, o se detiene la emisión, causando incumplimientos. La historia nos enseña que esta elección es inevitable. La Fed probablemente no tolerará un colapso sistémico; el reinicio de la expansión cuantitativa y el control de la curva de rendimiento ya no son una cuestión de probabilidad, sino de momento.
2026: de la contracción de liquidez a la inundación
Entendiendo esta lógica, la actual “divergencia” entre oro y Bitcoin es comprensible. Ambos activos son herramientas de cobertura contra la inflación, pero el momento es clave para determinar quién gana.
El oro ya anticipó la llegada de la era de expansión monetaria, mientras que Bitcoin espera la confirmación oficial de esa señal.
La evolución del mercado se desarrollará en dos fases:
Primera fase: impacto de la recesión y el último auge del oro
Cuando los indicadores de recesión se confirmen (por ejemplo, la tasa de desempleo en EE. UU. supere el 5%), el oro será redefinido como “el activo más seguro”, y su precio podría subir aún más.
Pero ese será el momento más oscuro para Bitcoin. En las primeras fases de una recesión, todos los activos se venden indiscriminadamente para obtener efectivo. Las llamadas a margen, los liquidaciones forzadas dominarán el mercado. La historia lo demuestra: en la crisis financiera de 2008, el oro cayó un 30% antes de rebotar; en la pandemia de marzo de 2020, el oro bajó un 12% en dos semanas, mientras Bitcoin se desplomaba a la mitad.
La crisis de liquidez es global, y la diferencia está en quién puede recuperarse más rápido: el oro suele estabilizarse rápidamente, mientras que Bitcoin necesita más tiempo para reconstruir confianza.
Segunda fase: la rendición final de la Fed y la explosión de liquidez en Bitcoin
Las bajadas de tipos no serán suficientes para resolver la crisis económica. La presión económica finalmente obligará a la Fed a volver a expandir su balance.
Este será el momento en que la verdadera puerta a la liquidez se abra.
Entonces, el oro podría entrar en una fase de consolidación, mientras que la liquidez excesiva se dirigirá agresivamente hacia activos de alta beta. Bitcoin, como “el vehículo más puro de la liquidez sobrante”, será el principal receptor de estos flujos.
En estas circunstancias, los movimientos de precios no serán progresivos: una vez que el impulso se acumule, las subidas de Bitcoin podrían alcanzar niveles extremos en pocos meses.
Plata: el actor olvidado
La subida de la plata en 2025 será impulsada por dos fuerzas: su relación tradicional con el oro y la demanda industrial — infraestructura de inteligencia artificial, energía solar, vehículos eléctricos, todos hambrientos de plata.
Los inventarios en las principales bolsas (Bolsa de Futuros de Shanghái, London Silver Market, etc.) ya están en niveles críticos. En un mercado alcista, la plata suele comportarse con mayor ferocidad, pero en un mercado bajista también cae más fuerte.
La relación oro-plata sigue siendo un indicador clave. La plata por encima de 80 dólares, desde una perspectiva histórica, está relativamente barata; por debajo de 60 dólares, en comparación con el oro, es relativamente cara; por debajo de 50 dólares, suele estar llena de burbujas especulativas.
Actualmente, la plata ronda los 59 dólares, lo que indica que el mercado está “cambiando de caballo” — pasando de plata a oro, en lugar de acumular más plata activamente.
Perspectiva a largo plazo: la lógica definitiva de los cambios
Dejando de lado la cronología específica de 2026, la tendencia a largo plazo está clara: tanto el oro como Bitcoin tenderán a subir frente a las monedas fiduciarias.
El único factor variable es la rotación de liderazgo: este año será el de oro, y en la próxima fase, será Bitcoin.
Mientras la deuda global siga creciendo y las autoridades monetarias dependan de la depreciación del dólar para aliviar la presión sistémica, los activos escasos seguirán siendo preferidos sobre otros. Desde una perspectiva final, las monedas fiduciarias siempre serán los activos que más pierdan valor de forma continua.
Lo que ahora se necesita es paciencia, observación fría de datos y disciplina. La transición del liderazgo del oro a Bitcoin no será anunciada oficialmente: ocurrirá silenciosamente, a través de indicadores de liquidez, cambios en políticas y rotación de capital.
Estos signos deben seguirse de cerca.