Perspectiva general de la tendencia del dólar en los próximos diez años: desde ciclos históricos hasta oportunidades de inversión

El comportamiento del dólar en los próximos diez años se ha convertido en un tema de gran interés para los inversores globales. Con los ajustes en la política de la Reserva Federal y los cambios en el panorama económico mundial, la posición del dólar en el sistema financiero internacional está enfrentando una transformación profunda. Desde una perspectiva de ciclos históricos, la tendencia a largo plazo del dólar influirá de manera significativa en las políticas de los bancos centrales, los precios de las commodities y la asignación de activos en distintos países. Este artículo analiza los mecanismos de funcionamiento del tipo de cambio del dólar, sus patrones históricos y, en combinación con la situación económica actual, ofrece una visión sistemática sobre la trayectoria de su desarrollo en la próxima década.

La lógica central del funcionamiento del tipo de cambio del dólar

El tipo de cambio del dólar se refiere al valor o tasa de cambio de una moneda respecto al dólar estadounidense. Por ejemplo, EUR/USD indica cuántos dólares se necesitan para cambiar un euro; un EUR/USD=1.04 significa que con 1.04 dólares se puede comprar un euro. Si el EUR/USD sube a 1.09, indica que el euro se ha apreciado respecto al dólar, que el dólar se ha depreciado; por el contrario, si baja a 0.88, significa que el euro se ha depreciado y el dólar se ha apreciado.

El índice del dólar (DXY) está compuesto por las cotizaciones de seis monedas principales frente al dólar: euro, yen, libra esterlina, dólar canadiense, corona sueca y franco suizo. La valoración del índice refleja la fortaleza relativa de estas monedas. Es importante destacar que, aunque las decisiones de política de la Reserva Federal influyen significativamente en el dólar, las medidas adoptadas por los bancos centrales de los países que componen el DXY también son clave: una reducción de tasas en EE. UU. no necesariamente hará que el índice caiga, ya que depende de si estos otros países toman medidas correspondientes.

Ocho ciclos históricos del dólar: un espejo para su comportamiento en la próxima década

Para entender la trayectoria futura del dólar, es necesario retroceder en su evolución histórica. Desde el colapso del sistema de Bretton Woods en 1971, el dólar ha atravesado ocho fases cíclicas importantes, cada una dominada por políticas económicas específicas, shocks externos y flujos de capital.

Primera fase (1971-1980): Disolución del patrón oro y depreciación del dólar

El gobierno de Nixon se vio obligado a declarar la fin del patrón oro, permitiendo que el precio del oro y el dólar flotaran libremente. Desde entonces, el dólar entró en una fase de expansión descontrolada. Las crisis petroleras y la alta inflación de los años 70 provocaron una caída del dólar, llegando a niveles por debajo de 90, marcando mínimos históricos. Este período anticipa cómo errores políticos o crisis económicas pueden impactar con fuerza en el dólar en el sistema monetario actual.

Segunda fase (1980-1985): Subidas agresivas de tasas para revertir la tendencia

El entonces presidente de la Fed, Paul Volcker, implementó una política de endurecimiento monetario, elevando la tasa de fondos federales hasta un máximo histórico del 20%, manteniéndola luego entre 8-10%. Esto fortaleció al dólar, alcanzando su pico en 1985. La experiencia de este ciclo muestra que una postura firme de los bancos centrales puede revertir rápidamente las tendencias del tipo de cambio.

Tercera fase (1985-1995): Déficit fiscal y un largo mercado bajista

El fenómeno del “doble déficit” (fiscal y comercial) llevó al dólar a una caída prolongada de aproximadamente diez años. Este ciclo nos enseña que cuando un país tiene un deterioro en su cuenta corriente, la presión para la depreciación de su moneda es difícil de evitar a largo plazo.

Cuarta fase (1995-2002): Auge del dólar en la era de internet

El gobierno de Clinton impulsó reformas económicas, y la revolución digital atrajo flujos de capital hacia EE. UU., elevando el índice del dólar hasta 120 puntos en su punto máximo. Este ciclo demuestra que el crecimiento económico es la base fundamental para sostener la apreciación de una moneda.

Quinta fase (2002-2010): Burbuja y crisis financiera

La explosión de la burbuja puntocom, los atentados del 11 de septiembre y las políticas de flexibilización cuantitativa (QE) desembocaron en la crisis financiera de 2008. El dólar se debilitó, llegando a cotizar en torno a 60, su nivel más bajo en décadas. Este ciclo advierte que, durante las crisis, aunque el dólar puede experimentar un repunte como activo refugio, las políticas expansivas prolongadas acabarán erosionando su poder adquisitivo.

Sexta fase (2011-2020): Ciclo de recuperación relativamente fuerte

Mientras Europa enfrentaba su crisis de deuda, China mostraba volatilidad en su mercado, EE. UU. mantuvo un crecimiento estable. La expectativa de subidas de tasas por parte de la Fed fortaleció nuevamente al dólar. Este ciclo indica que, en un contexto de diferenciación económica global, las economías con estabilidad y crecimiento tienden a apreciar su moneda.

Séptima y octava fase (2020 hasta hoy): Flexibilización cuantitativa, subidas de tasas y nuevos escenarios

La pandemia de COVID-19 llevó a la Fed a reducir tasas a cero y a imprimir dinero de forma masiva, generando una inflación severa. Desde principios de 2022, la Reserva Federal inició una subida agresiva de tasas hasta niveles no vistos en 25 años, además de comenzar un proceso de reducción de balance (QT). Aunque se logró controlar la inflación, esto ha generado nuevas dudas sobre la confianza en el dólar.

Lecciones de estos ciclos para los próximos diez años: La tendencia del dólar en la próxima década dependerá principalmente de tres factores: los niveles relativos de tasas de interés, la divergencia en el crecimiento económico y la evolución de su papel como reserva mundial.

Situación actual del dólar y expectativas recientes

Desde un análisis técnico y macroeconómico, el dólar se encuentra en un punto de inflexión clave. Recientemente, el índice del dólar cayó por debajo de su media móvil simple de 200 días, señal de posible tendencia bajista. La expectativa de recortes en las tasas de la Fed y datos de empleo débiles han llevado a una caída en los rendimientos de los bonos, reduciendo su atractivo.

Aunque en el corto plazo podría haber un rebote, la tendencia general sigue siendo bajista. Si la Fed continúa bajando tasas y los datos económicos permanecen débiles, el índice del dólar podría mantenerse en una zona de debilitamiento en torno a 102, con posibles soportes por debajo de ese nivel. Esto guarda similitudes con las fases 3 y 5 de la historia, donde la caída del dólar estuvo vinculada a políticas de tasas bajas y desaceleración económica.

Comportamiento del dólar en los principales pares de divisas en los próximos diez años

EUR/USD: indicador pionero de la depreciación del dólar

El par EUR/USD suele moverse en dirección opuesta al índice del dólar. Si se materializan expectativas de recortes en las tasas de la Fed y una economía estadounidense que desacelera, mientras Europa continúa su recuperación, el euro podría seguir apreciándose frente al dólar.

Desde un análisis técnico, si el EUR/USD se estabiliza en niveles actuales, buscará superar resistencias en torno a 1.0900. Una ruptura por encima de esa zona podría desencadenar movimientos alcistas mayores. Esto refleja una expectativa de depreciación del dólar respecto al euro a largo plazo.

GBP/USD: beneficiario de la divergencia de políticas

El comportamiento del libra esterlina está estrechamente ligado al del dólar. La expectativa de que el Banco de Inglaterra suba las tasas más lentamente que la Fed da soporte a la libra. Si el BoE adopta una postura cautelosa, el GBP/USD podría mantenerse en una tendencia de consolidación o alza en el rango de 1.25-1.35 en los próximos diez años.

Las diferencias en políticas y el apetito por activos de refugio serán los principales impulsores. Si la divergencia se acentúa, el par podría superar 1.40, aunque hay que estar atento a riesgos políticos que puedan provocar correcciones.

USD/CNY: escenario estable guiado por políticas

El movimiento del dólar frente al yuan está influenciado por la oferta y demanda del mercado y las políticas económicas de EE. UU. y China. Si la Fed continúa subiendo tasas y China desacelera, el USD/CNH tenderá a subir. Sin embargo, las intervenciones del Banco Popular de China y su gestión del tipo de cambio pueden limitar esa tendencia a largo plazo.

Desde un análisis técnico, el dólar podría oscilar entre 7.2300 y 7.2600 en el corto plazo, sin una clara tendencia de ruptura. La atención estará en si se superan esos niveles, lo cual abriría oportunidades de trading adicionales. Esto refleja el papel de China como uno de los mayores tenedores de dólares y cómo sus políticas afectan la dinámica del tipo de cambio.

USD/JPY: presión potencial para la apreciación del yen

El par USD/JPY es uno de los más líquidos. La economía japonesa muestra signos de cambio: en enero, los salarios subieron un 3.1% interanual, su nivel más alto en 32 años, lo que podría modificar su escenario de baja inflación y salarios bajos. Si los salarios siguen creciendo y aumenta la presión inflacionaria, el Banco de Japón podría ajustar su política monetaria.

Además, presiones internacionales, especialmente de EE. UU. por la apreciación del yen, podrían acelerar el proceso de subida de tasas en Japón. Por lo tanto, en los próximos diez años, se espera una tendencia a la depreciación del dólar frente al yen. La expectativa de recortes en las tasas de EE. UU. y la recuperación económica japonesa serán los principales catalizadores. Técnicamente, si el USD/JPY rompe los 146.90, podría seguir bajando hacia niveles inferiores, mientras que una ruptura por encima de 150.0 revertiría la tendencia. Esto indica una presión significativa a la depreciación del dólar respecto al yen a largo plazo.

AUD/USD: impulso alcista ligado a las commodities

El crecimiento del PIB de Australia en el cuarto trimestre fue del 0.6% trimestral y del 1.3% interanual, ambos por encima de las expectativas, y en enero, el superávit comercial alcanzó los 56.2 mil millones. Estos datos respaldan la fortaleza del dólar australiano. El Banco de la Reserva de Australia mantiene una postura cautelosa, sugiriendo que las recortes de tasas en el futuro son poco probables, lo que favorece una política más positiva para el AUD.

Aunque los datos australianos son favorables, la política expansiva de la Fed y la debilidad del dólar siguen siendo un motor para el alza del AUD/USD. Esto refleja que, en un entorno de depreciación del dólar, las monedas vinculadas a las commodities tienden a comportarse con fortaleza.

Marco macroeconómico para la tendencia del dólar en los próximos diez años

Integrando los ciclos históricos, las políticas actuales y la situación económica global, la tendencia del dólar en la próxima década puede resumirse en: una transición de una posición relativamente fuerte a una depreciación moderada, con fases de volatilidad en el proceso.

Los tres factores clave que sustentan esta visión son:

  1. Cambio en las políticas de los bancos centrales: La Fed pasa de una política restrictiva a una expansiva, mientras que otros bancos centrales avanzan de manera desigual, generando una divergencia. La experiencia histórica indica que una reducción relativa de tasas favorece la apreciación de otras monedas respecto al dólar.

  2. Diferenciación en el crecimiento económico: Se espera que el crecimiento en EE. UU. se desacelere, mientras que Europa y Japón muestran signos de recuperación. Esto contrasta con la lógica del ciclo 6 (2011-2020), donde EE. UU. fue claramente la economía dominante.

  3. Tendencia a la desdolarización: Aunque lentamente, se observa un proceso de reducción en la dependencia del dólar. Los países del BRICS fortalecen sus mecanismos de pago en monedas locales, y otros países reducen sus reservas en dólares, debilitando su papel como reserva mundial y limitando su potencial de apreciación a largo plazo.

Estrategias de inversión para aprovechar las oportunidades del dólar en los próximos diez años

Estrategia a corto plazo (1-2 años): Operaciones de swing trading

Antes de que la política de la Fed se aclare, el índice del dólar podría oscilar entre 95 y 103. Los inversores agresivos pueden aprovechar indicadores técnicos (divergencias MACD, retrocesos de Fibonacci) para vender en máximos y comprar en mínimos dentro de ese rango, capturando señales de reversión. Los inversores conservadores deben mantener una postura de espera, aguardando una tendencia más clara.

Es importante monitorear riesgos como: escaladas en conflictos geopolíticos que aumenten la aversión al riesgo (que puede impulsar temporalmente el dólar), datos económicos estadounidenses mejores de lo esperado (que retrasarían recortes de tasas) y riesgos de crisis de deuda que puedan afectar la confianza en el dólar.

Estrategia a mediano y largo plazo (3-10 años): Desplazamiento gradual hacia activos no estadounidenses

A medida que la política de tasas de la Fed se relaje y los rendimientos en EE. UU. disminuyan, el capital buscará mercados emergentes con mayor crecimiento o en recuperación, así como la Eurozona. Los inversores a largo plazo deberían reducir posiciones largas en dólares, redistribuyendo en activos como:

  • Monedas relativamente fuertes: yen (en ciclo de subida de tasas), dólar australiano (impulsado por commodities)
  • Activos vinculados a commodities: oro (como cobertura contra la depreciación del dólar), cobre (indicador de recuperación económica)
  • Activos de alto rendimiento no estadounidenses: bonos en euros, acciones en mercados emergentes

El principio fundamental es que la tendencia del dólar en los próximos diez años será más dependiente de “datos y eventos” que de una dirección fija. La flexibilidad y disciplina en la gestión de la cartera serán esenciales para captar rentabilidades superiores en medio de la volatilidad. Ajustar periódicamente las posiciones en función de reuniones de bancos centrales, datos económicos y eventos geopolíticos será clave, en lugar de mantener posiciones rígidas en una sola dirección.

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