¿Con qué estrategia especial quiere la administración de Trump lograr su ambición de gobernar el Ártico? La respuesta es impactante: un plan interno de la Casa Blanca propone entregar dinero en efectivo a los 57,000 habitantes de Groenlandia, entre 1 y 100,000 dólares por persona, con un monto total que podría alcanzar los 6,000 millones de dólares, con el objetivo de que mediante un referéndum esa isla se desprenda de la soberanía danesa y pase a estar bajo control estadounidense. Tras la exposición de esta medida, más del 85% de la población local reaccionó rápidamente.
¿Por qué Estados Unidos está decidido a controlar Groenlandia?
A simple vista, parece que Trump quiere repetir la hazaña histórica de comprar Alaska. Pero la lógica más profunda apunta a la estrategia en el Ártico: Groenlandia ocupa una posición clave en el control de las rutas del norte, y alberga abundantes recursos de tierras raras y petróleo. Para la industria militar y la dominación de las rutas marítimas de Estados Unidos, el valor estratégico de este territorio es incalculable. Esa es la verdadera razón por la que Trump no escatima en gastos.
¿Por qué “dinero a cambio de soberanía” está condenado al fracaso?
Desde una perspectiva económica, el gobierno danés ofrece anualmente a Groenlandia una subvención per cápita de 12,000 dólares, además de cobertura gratuita en salud y educación. El PIB per cápita de Groenlandia ya alcanza los 60,000 dólares, y su nivel de vida está entre los mejores en Escandinavia. La tentación de un dinero único resulta insignificante en comparación.
Lo más importante es que los cuatro principales partidos políticos de Groenlandia ya han declarado en conjunto que “el territorio no se vende”, y los residentes de la capital, Nuuk, han expresado claramente: “Este es nuestro hogar, no un producto”. Los legisladores groenlandeses incluso han afirmado que el plan trata a su pueblo como mercancía. La evidencia demuestra que el sentido de identidad y pertenencia no puede medirse con dinero.
La fuerte respuesta del bloque internacional
La respuesta del primer ministro danés fue aún más firme: si Estados Unidos se atreve a usar la fuerza, Dinamarca retirará su participación en la OTAN. Posteriormente, 12 países miembros de la OTAN, incluyendo Francia, Alemania y Reino Unido, expresaron su apoyo a la soberanía danesa. Esta reacción internacional conjunta muestra que la lógica de expansión unilateral de Estados Unidos ya no tiene mercado en la actualidad.
La inversión de la lógica histórica
Un usuario en línea respondió con agudeza a la afirmación estadounidense de que “el desembarco en Dinamarca hace 500 años no equivale a soberanía”: “Siguiendo esa lógica, ¿deberían los pueblos originarios de América exigir que Estados Unidos devuelva sus territorios?” Este contraste revela la absurdidad de doble estándar.
La lección más profunda de este incidente es que, en la era de la globalización, la fuerza y el dinero ya no son los únicos instrumentos políticos. Los groenlandeses han demostrado con acciones que la verdadera identidad nacional se construye sobre instituciones, cultura y bienestar compartidos.
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Trump's "600 millones de dólares por territorio" en la licitación, ¿por qué fracasó en Groenlandia?
¿Con qué estrategia especial quiere la administración de Trump lograr su ambición de gobernar el Ártico? La respuesta es impactante: un plan interno de la Casa Blanca propone entregar dinero en efectivo a los 57,000 habitantes de Groenlandia, entre 1 y 100,000 dólares por persona, con un monto total que podría alcanzar los 6,000 millones de dólares, con el objetivo de que mediante un referéndum esa isla se desprenda de la soberanía danesa y pase a estar bajo control estadounidense. Tras la exposición de esta medida, más del 85% de la población local reaccionó rápidamente.
¿Por qué Estados Unidos está decidido a controlar Groenlandia?
A simple vista, parece que Trump quiere repetir la hazaña histórica de comprar Alaska. Pero la lógica más profunda apunta a la estrategia en el Ártico: Groenlandia ocupa una posición clave en el control de las rutas del norte, y alberga abundantes recursos de tierras raras y petróleo. Para la industria militar y la dominación de las rutas marítimas de Estados Unidos, el valor estratégico de este territorio es incalculable. Esa es la verdadera razón por la que Trump no escatima en gastos.
¿Por qué “dinero a cambio de soberanía” está condenado al fracaso?
Desde una perspectiva económica, el gobierno danés ofrece anualmente a Groenlandia una subvención per cápita de 12,000 dólares, además de cobertura gratuita en salud y educación. El PIB per cápita de Groenlandia ya alcanza los 60,000 dólares, y su nivel de vida está entre los mejores en Escandinavia. La tentación de un dinero único resulta insignificante en comparación.
Lo más importante es que los cuatro principales partidos políticos de Groenlandia ya han declarado en conjunto que “el territorio no se vende”, y los residentes de la capital, Nuuk, han expresado claramente: “Este es nuestro hogar, no un producto”. Los legisladores groenlandeses incluso han afirmado que el plan trata a su pueblo como mercancía. La evidencia demuestra que el sentido de identidad y pertenencia no puede medirse con dinero.
La fuerte respuesta del bloque internacional
La respuesta del primer ministro danés fue aún más firme: si Estados Unidos se atreve a usar la fuerza, Dinamarca retirará su participación en la OTAN. Posteriormente, 12 países miembros de la OTAN, incluyendo Francia, Alemania y Reino Unido, expresaron su apoyo a la soberanía danesa. Esta reacción internacional conjunta muestra que la lógica de expansión unilateral de Estados Unidos ya no tiene mercado en la actualidad.
La inversión de la lógica histórica
Un usuario en línea respondió con agudeza a la afirmación estadounidense de que “el desembarco en Dinamarca hace 500 años no equivale a soberanía”: “Siguiendo esa lógica, ¿deberían los pueblos originarios de América exigir que Estados Unidos devuelva sus territorios?” Este contraste revela la absurdidad de doble estándar.
La lección más profunda de este incidente es que, en la era de la globalización, la fuerza y el dinero ya no son los únicos instrumentos políticos. Los groenlandeses han demostrado con acciones que la verdadera identidad nacional se construye sobre instituciones, cultura y bienestar compartidos.