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En Chilpancingo, Guerrero, se aceptan transferencias para pagar la recolección de basura
Los recolectores de residuos del municipio de Chilpancingo han dado un paso hacia la modernización que parecía impensable hace apenas unos años: se aceptan transferencias bancarias como forma de pago voluntario por el servicio de recolección. La iniciativa surgió directamente de los propios trabajadores, quienes cansados de escuchar el clásico “no traigo cambio” decidieron adaptar sus métodos a los nuevos hábitos financieros. Según reportes de El Sol de Acapulco, uno de los recolectores, Óscar Michel, colocó en el camión un aviso con los datos de una cuenta de Banorte para recibir donaciones electrónicas de ciudadanos satisfechos con el servicio. Lo que comenzó como una solución pragmática ahora apunta hacia un futuro más ambicioso: los trabajadores ya se preparan para incorporar una terminal que permita aceptar pagos con tarjeta directamente en la calle.
Del efectivo a la banca digital: cómo los recolectores modernizaron sus métodos
La transición desde el efectivo hacia los medios de pago digitales refleja una realidad más amplia. Durante décadas, Chilpancingo enfrentó un problema estructural en la gestión de residuos que ninguna administración municipal logró resolver completamente. Los vecinos, acostumbrados a cooperar económicamente con los recolectores, ahora pueden hacerlo sin necesidad de llevar monedas en la bolsa. Se aceptan transferencias de forma voluntaria, manteniendo el espíritu de colaboración ciudadana que ha caracterizado este servicio hibrido entre lo público y lo privado. El siguiente paso—incorporar terminales de pago con tarjeta—sugiere que estos trabajadores no solo buscan modernizarse, sino liderar un cambio en cómo se financia la economía cotidiana en las calles de Chilpancingo.
Tres décadas de crisis municipal y soluciones improvisadas
Para comprender la magnitud del cambio actual, es necesario retroceder tres décadas. Durante la administración del entonces alcalde Saúl Alarcón Abarca, las deficiencias en el servicio municipal llevaron a otorgar concesiones a recolectores particulares, algunos operando incluso en bicicleta. Con el tiempo, esta práctica evolucionó hacia un movimiento popular conocido como “La Basura Jefa”, en el que más de 200 camionetas particulares recorrían la ciudad ofreciendo llevarse residuos a cambio de cooperación voluntaria.
El modelo híbrido se convirtió en parte de la cotidianidad, pero alcanzó su peor momento durante el gobierno de Marco Antonio Leyva Mena, cuando fue clausurado el depósito de residuos de la colonia La Cinca. La capital guerrerense enfrentó entonces una crisis humanitaria: montones de basura se acumulaban en las esquinas, cubiertos con cal para prevenir brotes infecciosos. Incluso la explanada del Primer Congreso de Anáhuac fue ocupada por camionetas cargadas de desechos. La apertura de una celda emergente en El Huiteco aliviró parcialmente la situación, aunque no resolvió la escasez de vehículos recolectores ni la falta de coordinación municipal.
Del caos al orden: gestión de residuos en el presente
Años después, el alcalde Antonio Gaspar implementó un esquema de renta de unidades para reforzar el servicio y combatir la costumbre de dejar basura en espacios públicos. Cuando Norma Otilia Hernández asumió la administración, adquirió 20 camiones bajo un modelo de arrendamiento con opción a compra, pero al cierre de su gobierno, la mayoría fue retirada por la empresa proveedora. El ayuntamiento actual ha comprado algunas unidades para sustituir las que se fueron y lanzó una campaña contra quienes vierten residuos en la vía pública.
En 2026 ya se han detenido y sancionado a más de 20 personas con multas de varios miles de pesos por violaciones a las normas de recolección. En paralelo, los trabajadores continúan desempeñando un papel crítico: recolectan alrededor de 400 toneladas de basura diarias de Chilpancingo y las trasladan al tiradero municipal, que enfrenta problemas crecientes de sobresaturación y riesgos ambientales.
Economía digital en las calles: el futuro de la cooperación vecinal
La digitalización de las propinas no es simplemente una curiosidad tecnológica o un capricho generacional. Representa un punto de quiebre en la forma en que funciona la economía informal en las ciudades mexicanas. Que un camión recolector de basura acepte transferencias bancarias y se prepare para procesar pagos con tarjeta revela cómo sectores considerados “tradicionales” se adaptan con rapidez a nuevos ecosistemas financieros. Los recolectores de Chilpancingo, lejos de quedarse atrás, han demostrado que se aceptan transferencias no solo porque es conveniente, sino porque es inevitable. La próxima frontera será ver si estos modelos de digitalización expandida llegan a otros servicios municipales y si otros trabajadores en sectores similares siguen el ejemplo. Lo que comenzó como una respuesta a la falta de cambio ahora apunta hacia una reimaginación más profunda de cómo los ciudadanos respaldan y validan los servicios públicos en tiempos de transición digital.