El principal informe de la agencia de calificación crediticia internacional Moody’s, “Perspectivas Globales 2026”, señala claramente que las stablecoins han pasado de ser una herramienta nativa del ámbito de las criptomonedas a convertirse en una “infraestructura básica” imprescindible en el mercado institucional. El informe revela que en 2025, el volumen de liquidaciones en cadena de stablecoins aumentó un 87% interanual, alcanzando la asombrosa cifra de 9 billones de dólares.
Este dato marca la evolución de las stablecoins y los depósitos tokenizados hacia convertirse en “dinero digital” para gestionar liquidez, transferir colaterales y realizar liquidaciones en el mercado institucional, convirtiéndose en un canal clave que conecta las finanzas tradicionales con el creciente mundo de los activos tokenizados. Con la progresiva clarificación del marco regulatorio global y las expectativas de inversión en infraestructura que superan los 300 mil millones de dólares, el papel de las stablecoins como “canal financiero” es ya irreversible.
Perspectivas clave del informe de Moody’s: La transferencia de paradigma tras los 9 billones de dólares en volumen de transacciones
Cuando una agencia de calificación tradicional, conocida por evaluar riesgos de soberanía y deuda de empresas blue-chip, comienza a enfocar su atención en un segmento de las criptomonedas y lo valora altamente, envía una señal fuerte. En su más reciente informe “Perspectivas Globales 2026”, Moody’s establece el tono para el futuro de las stablecoins con datos precisos y un análisis riguroso: ya no son herramientas marginales de especulación o simples canales de ingreso, sino que se han convertido en “tuberías básicas” en los mercados financieros institucionales, similares a la electricidad o el agua. Estimando a partir de datos de transacciones en cadena, en 2025, las stablecoins procesaron aproximadamente 9 billones de dólares en liquidaciones, un aumento del 87% respecto al año anterior. La importancia de esta cifra no solo radica en su magnitud, sino en la tendencia que representa: los fondos institucionales están adoptando masiva y sistemáticamente este medio de liquidación digital.
Los analistas de Moody’s acuñaron un término preciso para describir esta evolución: “dinero digital”. En el informe, las stablecoins respaldadas por moneda fiat (como USDT, USDC) y los depósitos tokenizados emitidos por bancos (como JPM Coin) son considerados como equivalentes de dinero digital utilizados en un sistema financiero cada vez más tokenizado, para gestionar liquidez, transferir colaterales y realizar liquidaciones. Esta definición es crucial, ya que separa a las stablecoins del término “criptomonedas”, que a menudo genera controversia, y les otorga un carácter más neutral y funcional como instrumentos financieros. Este cambio de narrativa es clave para atraer a las instituciones tradicionales que, aunque evitan las “criptomonedas”, están interesadas en la “fintech” y en la “mejora de la eficiencia”.
Este cambio no es casual, sino resultado de múltiples fuerzas convergentes. En primer lugar, la ola de tokenización de activos financieros proporciona el escenario de aplicación más fundamental. Ya sean bonos soberanos, fondos o productos de crédito, cuando se emiten y negocian en blockchain en forma de certificados digitales, necesitan un medio digital, programable y estable en valor para completar las liquidaciones. Las stablecoins cumplen perfectamente ese rol. En segundo lugar, en 2025, bancos, gestoras de activos y otras instituciones realizaron numerosos pilotos de redes de liquidación en blockchain y soluciones de custodia digital, con el objetivo de simplificar procesos de emisión, optimizar la gestión post-negociación y la liquidez intradía. Estas prácticas generan una demanda real y sostenida. Finalmente, los avances regulatorios en las principales jurisdicciones, como el MiCA en la UE, las propuestas en EE. UU. y los permisos en Singapur, allanan el camino para que las instituciones adopten stablecoins a gran escala cumpliendo con las normativas.
Perspectivas de Moody’s “2026” sobre stablecoins: datos y juicios clave
Volumen de liquidaciones anuales en cadena: 9 billones de dólares en 2025 (estimado)
Tasa de crecimiento anual: 87% respecto a 2024
Aspecto cualitativo central: transformación de herramienta nativa de criptomonedas a infraestructura básica del mercado institucional
Función principal: evolución hacia “dinero digital” para liquidez, colaterales y liquidaciones
Tendencias relacionadas: impulso conjunto con bonos tokenizados y fondos, promoviendo la integración de finanzas tradicionales y digitales
Inversión en infraestructura: para 2030, la inversión en finanzas digitales e infraestructura podría superar los 300 mil millones de dólares
De “combustible de transacciones” a “tubería financiera”: Los tres principales casos de uso institucional de las stablecoins
La evolución del papel de las stablecoins se refleja de manera más evidente en la profundización y expansión de sus casos de uso. En sus inicios, su función principal era sustituir la moneda fiat en los exchanges de criptomonedas, facilitando conversiones rápidas entre diferentes activos digitales, lo que se puede entender como “combustible de transacciones”. Sin embargo, según Moody’s, el núcleo del crecimiento explosivo se ha desplazado a tres aplicaciones institucionales estrechamente relacionadas, que convierten a las stablecoins en una verdadera “tubería financiera” que soporta el flujo de valor.
Primero, la gestión global de liquidez en tiempo real. Para multinacionales, fondos de cobertura o gestoras, administrar posiciones de efectivo en múltiples países, con diferentes zonas horarias y horarios bancarios, es costoso y poco eficiente. Las stablecoins ofrecen una herramienta de transferencia casi instantánea, disponible 24/7. El informe menciona que en 2025, bancos como Citibank y Société Générale, regulados, comenzaron a usar stablecoins respaldadas por efectivo y bonos del Tesoro de EE. UU. para transferencias intradía entre fondos, pools de crédito y plataformas de negociación. Esto indica que las stablecoins están empezando a ser una herramienta innovadora para la gestión de tesorería y liquidaciones internas en las instituciones.
En segundo lugar, la transferencia y uso programable de colaterales. En operaciones tradicionales como repos o derivados, la transferencia, valoración y recuperación de colaterales son procesos lentos y complejos. Las stablecoins, como activos nativos digitales, pueden integrarse con contratos inteligentes para automatizar el bloqueo, la valoración y la transferencia instantánea de colaterales. Esto ya es estándar en DeFi y se explora en escenarios como repos tokenizados entre instituciones. La existencia de colaterales en forma de stablecoins hace que todo el proceso de garantía sea más transparente, eficiente y con menor riesgo de contraparte.
Por último, la liquidación final de activos tokenizados. Es la manifestación más esencial del papel de las stablecoins como “tubería”. Cuando un bono, una acción o una participación en un fondo se tokenizan, su liquidación requiere un activo en cadena, estable en valor, para completar la transacción. Las stablecoins cumplen ese rol de activo de liquidación. Moody’s las relaciona con bonos, fondos y productos de crédito tokenizados, considerándolas componentes clave en la integración de finanzas tradicionales y digitales. Este sistema de liquidación basado en blockchain y stablecoins puede reducir ciclos de liquidación que antes tomaban T+2 o más, a minutos o segundos, minimizando el riesgo de liquidación.
Carrera regulatoria global: creando un marco de cumplimiento para la “dinero digital”
Para que las stablecoins sean reconocidas como “tuberías” en el sistema financiero global, no basta con la tecnología y la demanda del mercado; un marco regulatorio claro y confiable es imprescindible. Moody’s señala que la regulación global está intentando seguir el ritmo de esta innovación financiera, mostrando una tendencia de convergencia. No se busca uniformidad total, sino que los principales centros financieros abordan problemas similares: requisitos de acceso y reservas, seguridad en la custodia, protección del derecho de redención y resistencia sistémica.
La UE, con su Reglamento de Mercados de Criptoactivos (MiCA), lidera estableciendo reglas completas para la emisión, operación y supervisión de stablecoins (denominadas en MiCA “tokens de dinero electrónico” y “tokens de referencia de activos”). El ejemplo del EURCV, emitido por una filial de Société Générale, ilustra cómo las instituciones tradicionales lanzan productos conformes en el marco regulatorio europeo. En EE. UU., varias propuestas legislativas sobre stablecoins y estructura de mercado están en discusión, buscando un sistema regulatorio federal que termine con la fragmentación actual. Aunque el proceso legislativo es lento, agencias como la FDIC ya ofrecen directrices preliminares mediante cartas interpretativas para la participación bancaria en actividades relacionadas con stablecoins.
En Asia y Oriente Medio, la innovación regulatoria también está activa. La Autoridad Monetaria de Singapur regula las empresas que ofrecen servicios de tokens de pago (incluidas stablecoins) mediante su sistema de licencias. Hong Kong, con su licencia para proveedores de servicios de activos virtuales, también explora regulaciones específicas para stablecoins. Los países del Golfo, como los Emiratos Árabes Unidos, impulsan proyectos de tokens de pago vinculados a sus monedas nacionales (como el dirham), explorando formas de moneda soberana en la era digital. Estos esfuerzos dispersos, pero con una orientación común, conforman un panorama global cada vez más claro, que da mayor confianza a las instituciones internacionales para diseñar y desplegar negocios relacionados con stablecoins.
No obstante, Moody’s advierte con calma que la regulación es un proceso en curso y que las diferencias entre jurisdicciones pueden generar nuevos desafíos de cumplimiento. Por ejemplo, una stablecoin en euro, aprobada bajo MiCA, que desee ofrecer servicios a clientes en EE. UU., aún deberá cumplir con requisitos estadounidenses. Este riesgo de fragmentación regulatoria es un desafío que debe enfrentarse en la construcción de un sistema global de “dinero digital” verdaderamente cohesivo. Sin embargo, la dirección general de crear un marco regulatorio desde la nada, que pase de la ambigüedad a la claridad, ya está establecida, allanando el camino para que las stablecoins pasen de ser un “territorio gris” a convertirse en un “pilar financiero” fundamental.
Los riesgos que no se pueden ignorar: nuevos desafíos en contratos inteligentes, oráculos y interoperabilidad
Cuando decenas de billones de dólares circulan por estos nuevos “canales digitales”, la seguridad, fiabilidad y robustez del sistema se convierten en temas críticos para la estabilidad financiera global. Moody’s no solo elogia, sino que con su carácter de agencia de calificación, señala con cautela los nuevos riesgos asociados a esta transformación. Estos riesgos, muy diferentes a los tradicionales, tienen su raíz en la tecnología.
Primero, el riesgo de contratos inteligentes. La emisión, transferencia, bloqueo y redención de stablecoins dependen de código en blockchain. Cualquier vulnerabilidad puede ser explotada maliciosamente, provocando robos o bloqueos erróneos. Ya han ocurrido pérdidas significativas por fallos en contratos inteligentes. Para que las stablecoins se conviertan en infraestructura básica institucional, su código debe someterse a validaciones formales rigurosas, auditorías externas y contar con mecanismos de recompensas por vulnerabilidades y respuestas de emergencia.
En segundo lugar, el riesgo de oráculos y dependencias externas. Muchas stablecoins (especialmente las algorítmicas o con colateral híbrido) y aplicaciones financieras basadas en ellas dependen de oráculos para obtener datos de precios externos, necesarios para calcular colaterales y activar liquidaciones. Un ataque o error en los oráculos puede desencadenar liquidaciones no deseadas o insolvencias. Además, las stablecoins respaldadas por moneda fiat o bonos del Tesoro, cuya existencia y calidad del colateral dependen de la confianza en los bancos custodios y auditorías periódicas, también enfrentan riesgos tradicionales de contraparte y auditoría.
Por último, la interoperabilidad y fragmentación de las redes blockchain. Las principales stablecoins, como USDT y USDC, están en múltiples cadenas (Ethereum, Solana, TRON, etc.), lo que aumenta la accesibilidad pero también la complejidad y dispersión de liquidez. La transferencia entre cadenas requiere puentes, que son objetivos frecuentes de ataques. Para instituciones que necesitan mover grandes volúmenes de dinero digital de forma segura y sin fisuras, desarrollar soluciones de interoperabilidad seguras y eficientes es una prioridad. Moody’s enfatiza que la seguridad, la interoperabilidad y una gobernanza sólida, junto con la transparencia regulatoria, serán factores decisivos para que las stablecoins sean confiables como activos de liquidación institucional, y no fuentes de nuevas vulnerabilidades sistémicas. Esto implica una competencia en infraestructura basada en “fiabilidad” y “robustez”.
Perspectivas futuras: inversión de trillones y una nueva era de “finanzas programables”
El informe de Moody’s no solo describe el presente, sino que también proyecta tendencias futuras. Estima que, a medida que las instituciones construyan en conjunto las “infraestructuras” de tokenización y liquidación programable a gran escala, para 2030 la inversión global en finanzas digitales e infraestructura relacionada podría superar los 300 mil millones de dólares. Este capital se dirigirá a redes de nodos blockchain, soluciones de custodia digital, tecnología de cumplimiento normativo y middleware que conecte los sistemas bancarios tradicionales con blockchain. Las stablecoins, como “sangre” de esta nueva arquitectura financiera, serán sin duda uno de los focos principales y beneficiarios de estas inversiones.
De cara al futuro, el desarrollo de stablecoins puede seguir dos caminos principales. El primero, la “digitalización avanzada de las finanzas tradicionales”, con depósitos tokenizados y emitidos por bancos (como JPM Coin), operando en cadenas permitidas, para mejorar pagos transfronterizos y liquidaciones de valores. Este camino, conservador y estable, es una extensión natural de la transformación digital bancaria. El segundo, la “infraestructura de liquidación nativa abierta”, con stablecoins públicas y transparentes (como USDC), que seguirán creciendo en cadenas públicas y serán el medio de liquidación para DeFi, activos tokenizados y futuras organizaciones autónomas descentralizadas. Este ecosistema será más innovador y generará productos y servicios financieros aún inimaginables.
Ambos caminos podrán coexistir y complementarse, incluso mediante puentes regulatorios. La visión final apunta hacia una “finanza programable”, donde valor (en stablecoins) y activos (en tokens diversos) puedan ser definidos, transferidos y combinados automáticamente mediante código. La ejecución de contratos financieros dejará de depender de leyes y operaciones manuales, para basarse en lógica verificada en contratos inteligentes. La visión de Moody’s, como observador riguroso, confirma que este futuro no es solo ciencia ficción: las “tuberías” básicas —las stablecoins— se están desplegando y consolidando rápidamente ante nuestros ojos. Para inversores y actores del sector, comprender y posicionarse en esta transformación fundamental será clave para liderar la próxima ola financiera.
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Las perspectivas de Moody's para 2026: las monedas estables están ascendiendo a ser una infraestructura financiera global clave
El principal informe de la agencia de calificación crediticia internacional Moody’s, “Perspectivas Globales 2026”, señala claramente que las stablecoins han pasado de ser una herramienta nativa del ámbito de las criptomonedas a convertirse en una “infraestructura básica” imprescindible en el mercado institucional. El informe revela que en 2025, el volumen de liquidaciones en cadena de stablecoins aumentó un 87% interanual, alcanzando la asombrosa cifra de 9 billones de dólares.
Este dato marca la evolución de las stablecoins y los depósitos tokenizados hacia convertirse en “dinero digital” para gestionar liquidez, transferir colaterales y realizar liquidaciones en el mercado institucional, convirtiéndose en un canal clave que conecta las finanzas tradicionales con el creciente mundo de los activos tokenizados. Con la progresiva clarificación del marco regulatorio global y las expectativas de inversión en infraestructura que superan los 300 mil millones de dólares, el papel de las stablecoins como “canal financiero” es ya irreversible.
Perspectivas clave del informe de Moody’s: La transferencia de paradigma tras los 9 billones de dólares en volumen de transacciones
Cuando una agencia de calificación tradicional, conocida por evaluar riesgos de soberanía y deuda de empresas blue-chip, comienza a enfocar su atención en un segmento de las criptomonedas y lo valora altamente, envía una señal fuerte. En su más reciente informe “Perspectivas Globales 2026”, Moody’s establece el tono para el futuro de las stablecoins con datos precisos y un análisis riguroso: ya no son herramientas marginales de especulación o simples canales de ingreso, sino que se han convertido en “tuberías básicas” en los mercados financieros institucionales, similares a la electricidad o el agua. Estimando a partir de datos de transacciones en cadena, en 2025, las stablecoins procesaron aproximadamente 9 billones de dólares en liquidaciones, un aumento del 87% respecto al año anterior. La importancia de esta cifra no solo radica en su magnitud, sino en la tendencia que representa: los fondos institucionales están adoptando masiva y sistemáticamente este medio de liquidación digital.
Los analistas de Moody’s acuñaron un término preciso para describir esta evolución: “dinero digital”. En el informe, las stablecoins respaldadas por moneda fiat (como USDT, USDC) y los depósitos tokenizados emitidos por bancos (como JPM Coin) son considerados como equivalentes de dinero digital utilizados en un sistema financiero cada vez más tokenizado, para gestionar liquidez, transferir colaterales y realizar liquidaciones. Esta definición es crucial, ya que separa a las stablecoins del término “criptomonedas”, que a menudo genera controversia, y les otorga un carácter más neutral y funcional como instrumentos financieros. Este cambio de narrativa es clave para atraer a las instituciones tradicionales que, aunque evitan las “criptomonedas”, están interesadas en la “fintech” y en la “mejora de la eficiencia”.
Este cambio no es casual, sino resultado de múltiples fuerzas convergentes. En primer lugar, la ola de tokenización de activos financieros proporciona el escenario de aplicación más fundamental. Ya sean bonos soberanos, fondos o productos de crédito, cuando se emiten y negocian en blockchain en forma de certificados digitales, necesitan un medio digital, programable y estable en valor para completar las liquidaciones. Las stablecoins cumplen perfectamente ese rol. En segundo lugar, en 2025, bancos, gestoras de activos y otras instituciones realizaron numerosos pilotos de redes de liquidación en blockchain y soluciones de custodia digital, con el objetivo de simplificar procesos de emisión, optimizar la gestión post-negociación y la liquidez intradía. Estas prácticas generan una demanda real y sostenida. Finalmente, los avances regulatorios en las principales jurisdicciones, como el MiCA en la UE, las propuestas en EE. UU. y los permisos en Singapur, allanan el camino para que las instituciones adopten stablecoins a gran escala cumpliendo con las normativas.
Perspectivas de Moody’s “2026” sobre stablecoins: datos y juicios clave
De “combustible de transacciones” a “tubería financiera”: Los tres principales casos de uso institucional de las stablecoins
La evolución del papel de las stablecoins se refleja de manera más evidente en la profundización y expansión de sus casos de uso. En sus inicios, su función principal era sustituir la moneda fiat en los exchanges de criptomonedas, facilitando conversiones rápidas entre diferentes activos digitales, lo que se puede entender como “combustible de transacciones”. Sin embargo, según Moody’s, el núcleo del crecimiento explosivo se ha desplazado a tres aplicaciones institucionales estrechamente relacionadas, que convierten a las stablecoins en una verdadera “tubería financiera” que soporta el flujo de valor.
Primero, la gestión global de liquidez en tiempo real. Para multinacionales, fondos de cobertura o gestoras, administrar posiciones de efectivo en múltiples países, con diferentes zonas horarias y horarios bancarios, es costoso y poco eficiente. Las stablecoins ofrecen una herramienta de transferencia casi instantánea, disponible 24/7. El informe menciona que en 2025, bancos como Citibank y Société Générale, regulados, comenzaron a usar stablecoins respaldadas por efectivo y bonos del Tesoro de EE. UU. para transferencias intradía entre fondos, pools de crédito y plataformas de negociación. Esto indica que las stablecoins están empezando a ser una herramienta innovadora para la gestión de tesorería y liquidaciones internas en las instituciones.
En segundo lugar, la transferencia y uso programable de colaterales. En operaciones tradicionales como repos o derivados, la transferencia, valoración y recuperación de colaterales son procesos lentos y complejos. Las stablecoins, como activos nativos digitales, pueden integrarse con contratos inteligentes para automatizar el bloqueo, la valoración y la transferencia instantánea de colaterales. Esto ya es estándar en DeFi y se explora en escenarios como repos tokenizados entre instituciones. La existencia de colaterales en forma de stablecoins hace que todo el proceso de garantía sea más transparente, eficiente y con menor riesgo de contraparte.
Por último, la liquidación final de activos tokenizados. Es la manifestación más esencial del papel de las stablecoins como “tubería”. Cuando un bono, una acción o una participación en un fondo se tokenizan, su liquidación requiere un activo en cadena, estable en valor, para completar la transacción. Las stablecoins cumplen ese rol de activo de liquidación. Moody’s las relaciona con bonos, fondos y productos de crédito tokenizados, considerándolas componentes clave en la integración de finanzas tradicionales y digitales. Este sistema de liquidación basado en blockchain y stablecoins puede reducir ciclos de liquidación que antes tomaban T+2 o más, a minutos o segundos, minimizando el riesgo de liquidación.
Carrera regulatoria global: creando un marco de cumplimiento para la “dinero digital”
Para que las stablecoins sean reconocidas como “tuberías” en el sistema financiero global, no basta con la tecnología y la demanda del mercado; un marco regulatorio claro y confiable es imprescindible. Moody’s señala que la regulación global está intentando seguir el ritmo de esta innovación financiera, mostrando una tendencia de convergencia. No se busca uniformidad total, sino que los principales centros financieros abordan problemas similares: requisitos de acceso y reservas, seguridad en la custodia, protección del derecho de redención y resistencia sistémica.
La UE, con su Reglamento de Mercados de Criptoactivos (MiCA), lidera estableciendo reglas completas para la emisión, operación y supervisión de stablecoins (denominadas en MiCA “tokens de dinero electrónico” y “tokens de referencia de activos”). El ejemplo del EURCV, emitido por una filial de Société Générale, ilustra cómo las instituciones tradicionales lanzan productos conformes en el marco regulatorio europeo. En EE. UU., varias propuestas legislativas sobre stablecoins y estructura de mercado están en discusión, buscando un sistema regulatorio federal que termine con la fragmentación actual. Aunque el proceso legislativo es lento, agencias como la FDIC ya ofrecen directrices preliminares mediante cartas interpretativas para la participación bancaria en actividades relacionadas con stablecoins.
En Asia y Oriente Medio, la innovación regulatoria también está activa. La Autoridad Monetaria de Singapur regula las empresas que ofrecen servicios de tokens de pago (incluidas stablecoins) mediante su sistema de licencias. Hong Kong, con su licencia para proveedores de servicios de activos virtuales, también explora regulaciones específicas para stablecoins. Los países del Golfo, como los Emiratos Árabes Unidos, impulsan proyectos de tokens de pago vinculados a sus monedas nacionales (como el dirham), explorando formas de moneda soberana en la era digital. Estos esfuerzos dispersos, pero con una orientación común, conforman un panorama global cada vez más claro, que da mayor confianza a las instituciones internacionales para diseñar y desplegar negocios relacionados con stablecoins.
No obstante, Moody’s advierte con calma que la regulación es un proceso en curso y que las diferencias entre jurisdicciones pueden generar nuevos desafíos de cumplimiento. Por ejemplo, una stablecoin en euro, aprobada bajo MiCA, que desee ofrecer servicios a clientes en EE. UU., aún deberá cumplir con requisitos estadounidenses. Este riesgo de fragmentación regulatoria es un desafío que debe enfrentarse en la construcción de un sistema global de “dinero digital” verdaderamente cohesivo. Sin embargo, la dirección general de crear un marco regulatorio desde la nada, que pase de la ambigüedad a la claridad, ya está establecida, allanando el camino para que las stablecoins pasen de ser un “territorio gris” a convertirse en un “pilar financiero” fundamental.
Los riesgos que no se pueden ignorar: nuevos desafíos en contratos inteligentes, oráculos y interoperabilidad
Cuando decenas de billones de dólares circulan por estos nuevos “canales digitales”, la seguridad, fiabilidad y robustez del sistema se convierten en temas críticos para la estabilidad financiera global. Moody’s no solo elogia, sino que con su carácter de agencia de calificación, señala con cautela los nuevos riesgos asociados a esta transformación. Estos riesgos, muy diferentes a los tradicionales, tienen su raíz en la tecnología.
Primero, el riesgo de contratos inteligentes. La emisión, transferencia, bloqueo y redención de stablecoins dependen de código en blockchain. Cualquier vulnerabilidad puede ser explotada maliciosamente, provocando robos o bloqueos erróneos. Ya han ocurrido pérdidas significativas por fallos en contratos inteligentes. Para que las stablecoins se conviertan en infraestructura básica institucional, su código debe someterse a validaciones formales rigurosas, auditorías externas y contar con mecanismos de recompensas por vulnerabilidades y respuestas de emergencia.
En segundo lugar, el riesgo de oráculos y dependencias externas. Muchas stablecoins (especialmente las algorítmicas o con colateral híbrido) y aplicaciones financieras basadas en ellas dependen de oráculos para obtener datos de precios externos, necesarios para calcular colaterales y activar liquidaciones. Un ataque o error en los oráculos puede desencadenar liquidaciones no deseadas o insolvencias. Además, las stablecoins respaldadas por moneda fiat o bonos del Tesoro, cuya existencia y calidad del colateral dependen de la confianza en los bancos custodios y auditorías periódicas, también enfrentan riesgos tradicionales de contraparte y auditoría.
Por último, la interoperabilidad y fragmentación de las redes blockchain. Las principales stablecoins, como USDT y USDC, están en múltiples cadenas (Ethereum, Solana, TRON, etc.), lo que aumenta la accesibilidad pero también la complejidad y dispersión de liquidez. La transferencia entre cadenas requiere puentes, que son objetivos frecuentes de ataques. Para instituciones que necesitan mover grandes volúmenes de dinero digital de forma segura y sin fisuras, desarrollar soluciones de interoperabilidad seguras y eficientes es una prioridad. Moody’s enfatiza que la seguridad, la interoperabilidad y una gobernanza sólida, junto con la transparencia regulatoria, serán factores decisivos para que las stablecoins sean confiables como activos de liquidación institucional, y no fuentes de nuevas vulnerabilidades sistémicas. Esto implica una competencia en infraestructura basada en “fiabilidad” y “robustez”.
Perspectivas futuras: inversión de trillones y una nueva era de “finanzas programables”
El informe de Moody’s no solo describe el presente, sino que también proyecta tendencias futuras. Estima que, a medida que las instituciones construyan en conjunto las “infraestructuras” de tokenización y liquidación programable a gran escala, para 2030 la inversión global en finanzas digitales e infraestructura relacionada podría superar los 300 mil millones de dólares. Este capital se dirigirá a redes de nodos blockchain, soluciones de custodia digital, tecnología de cumplimiento normativo y middleware que conecte los sistemas bancarios tradicionales con blockchain. Las stablecoins, como “sangre” de esta nueva arquitectura financiera, serán sin duda uno de los focos principales y beneficiarios de estas inversiones.
De cara al futuro, el desarrollo de stablecoins puede seguir dos caminos principales. El primero, la “digitalización avanzada de las finanzas tradicionales”, con depósitos tokenizados y emitidos por bancos (como JPM Coin), operando en cadenas permitidas, para mejorar pagos transfronterizos y liquidaciones de valores. Este camino, conservador y estable, es una extensión natural de la transformación digital bancaria. El segundo, la “infraestructura de liquidación nativa abierta”, con stablecoins públicas y transparentes (como USDC), que seguirán creciendo en cadenas públicas y serán el medio de liquidación para DeFi, activos tokenizados y futuras organizaciones autónomas descentralizadas. Este ecosistema será más innovador y generará productos y servicios financieros aún inimaginables.
Ambos caminos podrán coexistir y complementarse, incluso mediante puentes regulatorios. La visión final apunta hacia una “finanza programable”, donde valor (en stablecoins) y activos (en tokens diversos) puedan ser definidos, transferidos y combinados automáticamente mediante código. La ejecución de contratos financieros dejará de depender de leyes y operaciones manuales, para basarse en lógica verificada en contratos inteligentes. La visión de Moody’s, como observador riguroso, confirma que este futuro no es solo ciencia ficción: las “tuberías” básicas —las stablecoins— se están desplegando y consolidando rápidamente ante nuestros ojos. Para inversores y actores del sector, comprender y posicionarse en esta transformación fundamental será clave para liderar la próxima ola financiera.